Si hay un torneo en el deporte profesional norteamericano que genera una intensidad comparable a la que produce la Copa Stanley en el hockey sobre hielo, no es fácil encontrarlo. Los playoffs de la NHL son famosos por su brutalidad física, su imprevisibilidad y por la capacidad que tienen de producir momentos épicos en prórroga que quedan grabados para siempre en la memoria de los aficionados. No en vano, muchos expertos consideran que los playoffs de hockey son la competición de postemporada más emocionante de los cuatro grandes deportes norteamericanos.
El camino hacia la Copa Stanley comienza en abril, cuando acaba la temporada regular de 82 partidos y los 16 equipos clasificados —ocho por conferencia— inician las eliminatorias. Lo que viene después es un maratón de hockey de máxima intensidad que puede extenderse hasta bien entrado el mes de junio.
El formato: cuatro rondas, todas al mejor de siete
Los playoffs de la NHL se organizan en cuatro rondas eliminatorias. En cada ronda, los dos equipos se enfrentan en una serie al mejor de siete partidos: el primero que gane cuatro partidos avanza. El formato al mejor de siete es crucial para la filosofía de los playoffs de la NHL: permite que el equipo mejor —o el que gestione mejor la fatiga, las lesiones y la presión durante semanas— acabe imponiéndose, pero sin eliminar la posibilidad de sorpresas.
Las cuatro rondas reciben nombres propios: la Primera Ronda, la Segunda Ronda (o División Finals en el argot), las Finales de Conferencia y, finalmente, las Finales de la Stanley Cup. Las tres primeras rondas se juegan dentro de la misma conferencia. En las Finales de la Stanley Cup se enfrentan el campeón del Este y el campeón del Oeste.
El equipo con mejor récord en la temporada regular tiene la ventaja de campo en su primera serie: los partidos impares (1, 2, 5 y 7) se juegan en su pabellón. Esta ventaja se puede mantener a lo largo de los playoffs o perderse según los resultados de cada serie.
La prórroga: el gol de oro que todo lo decide
Una de las características definitorias de los playoffs de la NHL es el sistema de prórroga. Si un partido de playoffs termina empatado al final del tiempo reglamentario, se juegan períodos adicionales de veinte minutos hasta que un equipo marque. No hay shootout (tanda de penaltis) en los playoffs: se juega hasta que alguien marca. Y el primer gol gana.
Este sistema produce algunos de los momentos más dramáticos del deporte. Partidos que se extienden hasta las dos o las tres de la madrugada. Jugadores agotados que llevan tres horas sobre el hielo. Porteros que realizan paradas imposibles en la prórroga. Y cuando llega el gol —inevitable, pero siempre inesperado— la explosión de emoción en el pabellón es como pocas cosas que el deporte en vivo pueda ofrecer.
La Copa Stanley: el trofeo más antiguo del deporte profesional
La Copa Stanley, el trofeo que se entrega al campeón de los playoffs de la NHL, es el más antiguo en el deporte profesional norteamericano. Donada en 1892 por el Gobernador General de Canadá, Lord Stanley de Preston, la copa original era un cuenco de plata de apenas 35 centímetros de altura. Con el tiempo, se ha ido añadiendo un anillo adicional cada vez que el espacio para grabar los nombres de los campeones se agota, y la copa actual es un trofeo imponente de más de noventa centímetros de altura.
Una de las tradiciones más queridas del hockey es que cada jugador del equipo campeón tiene derecho a pasar un día con la Copa Stanley, llevándola a su ciudad natal, a su restaurante favorito o a cualquier lugar que elija. La copa ha dormido en piscinas, ha asistido a bodas y ha viajado a lugares tan remotos como pequeños pueblos de Rusia o de Finlandia. Esta tradición, que no existe en ningún otro deporte, es parte esencial del mito de la Copa Stanley.