El orgullo que casi se convierte en humillación
En el verano de 1972, Canadá llevaba décadas sin poder competir con sus mejores jugadores —los profesionales de la NHL— contra los equipos nacionales del bloque soviético, que técnicamente tenían “amateurs” porque los deportistas soviéticos eran militares que entrenaban a tiempo completo. Las reglas olímpicas de la época excluían a los profesionales, lo que significaba que Canadá enviaba equipos universitarios a los Juegos Olímpicos mientras la URSS enviaba a sus mejores jugadores disfrazados de amateurs.
La Summit Series de 1972 era la oportunidad de resolver la disputa de una vez: Canadá enviaría a sus mejores profesionales de la NHL, sin restricciones, contra la mejor selección soviética. La convicción general en Canadá era que la serie sería un paseo. Los periódicos especulaban sobre si Canadá debería moderarse para no humillar demasiado a los soviéticos.
El primer partido se jugó el 2 de septiembre en Montreal. Treinta segundos después del inicio, Phil Esposito marcó para Canadá y la audiencia televisiva de millones de canadienses exhaló satisfecha. Habían tenido razón. Esto iba a ser fácil.
La humillación: Moscú 7, Canadá 3
El marcador final del primer partido fue URSS 7 - Canadá 3. El silencio que siguió al pitido final en el Montreal Forum fue el de una nación en estado de shock.
Los soviéticos eran mejores de lo que nadie había imaginado. Su sistema de juego, desarrollado por el entrenador Anatoly Tarasov durante décadas, se basaba en el movimiento constante, los pases cortos y rápidos, y una condición física superior. Mientras los jugadores canadienses de la NHL estaban acostumbrados a un hockey más físico y de posiciones fijas, los soviéticos fluían por el hielo en patrones de movimiento que los canadienses no sabían cómo defender.
El segundo partido terminó en empate 4-4. Canadá ganó el tercero. El cuarto fue una nueva victoria soviética. Cuando los ocho partidos se trasladaron a Moscú para la segunda mitad de la serie, Canadá necesitaba ganar tres de los cuatro partidos para llevarse la victoria.
Paul Henderson y el gol que define una nación
El octavo y último partido, disputado el 28 de septiembre de 1972 en el Palacio de los Deportes de Moscú, estaba empatado a tres goles en el tercer período cuando el reloj marcaba menos de un minuto para el final. Yvan Cournoyer había empatado para Canadá con 6:47 para el final, pero el tiempo se agotaba.
Con 34 segundos restantes, Paul Henderson recogió su propio rebote —había fallado el disparo anterior— y empujó el disco al fondo de la red soviética. Canadá 6, URSS 5. El comentarista de la CBC Foster Hewitt pronunció la frase que reprodujeron todas las emisoras canadienses: “Henderson has scored for Canada!”
El gol de Henderson es, según encuestas repetidas durante décadas, el momento más memorable de la historia deportiva canadiense. En un país donde el hockey es una cuestión de identidad nacional, el gol de 1972 tiene una dimensión que va mucho más allá del deporte: fue el momento en que Canadá reconoció que el mundo del hockey había cambiado, que los soviéticos eran tan buenos como ellos, y que la victoria había sido genuinamente difícil de conseguir.
El legado: el hockey nunca volvió a ser el mismo
La Summit Series transformó el hockey mundial en varias direcciones simultáneas. Los equipos de la NHL comenzaron a adoptar elementos del juego soviético: más énfasis en el patinaje, los pases y la condición física, y menos dependencia exclusiva del juego físico. El hockey europeo, que ya había estudiado el sistema soviético, recibió un impulso de credibilidad que aceleró la llegada de jugadores europeos a la NHL.
Para la Unión Soviética, la serie también fue transformadora: demostró que sus jugadores podían competir de igual a igual con los mejores profesionales del mundo, lo que reforzó el prestigio del programa deportivo soviético en plena Guerra Fría. Y sembró la semilla de lo que vendría décadas después: la llegada masiva de jugadores rusos, checos, suecos y finlandeses a la NHL, que transformaría completamente el deporte.