La historia del sombrero que nadie recuerda bien
La expresión “hat trick” —tres goles del mismo jugador en un partido— es hoy universal en casi todos los deportes de equipo, pero su origen en el hockey sobre hielo tiene una historia específica y bastante documentada, aunque frecuentemente confundida con otras versiones.
La hipótesis más común atribuye el término al cricket del siglo XIX, donde un jugador que conseguía tres eliminaciones consecutivas recibía un sombrero nuevo como premio. Esto explica la expresión, pero no la tradición de lanzar sombreros a la pista de hockey.
La tradición de los sombreros en el hockey norteamericano tiene un origen más prosaico y comercial. En los años 40, un sombrero es un artículo cotidiano que la mayoría de los hombres lleva. En Toronto, una sombrerería llamada Biltmore (o, según otras fuentes, un establecimiento similar) ofrecía un sombrero gratis al jugador de los Maple Leafs que marcara tres goles en un partido. Los aficionados, conocedores de la apuesta, comenzaron a lanzar sus propios sombreros a la pista para unirse a la celebración. La práctica se extendió gradualmente a otros estadios.
Hoy, cuando un jugador marca su tercer gol, cientos o miles de sombreros llueven sobre el hielo desde las gradas. El partido se detiene durante varios minutos mientras el personal del estadio los recoge con palas y cubos. Es una de las imágenes más características del hockey norteamericano y completamente inexplicable para cualquier recién llegado al deporte.
El pulpo de Detroit: ocho patas para ocho victorias
La tradición más grotesca del hockey sobre hielo pertenece a los aficionados del Detroit Red Wings. Desde 1952, los fanáticos del equipo de Michigan lanzan pulpos a la pista de hielo durante los partidos de playoffs. El origen de esta costumbre tiene una lógica que solo funciona en su contexto histórico concreto.
En 1952, los playoffs de la NHL tenían una estructura de eliminación directa con dos rondas, cada una al mejor de siete partidos, pero en la práctica los grandes equipos a menudo los ganaban en cuatro partidos seguidos —un sweep. Para ganar el campeonato, un equipo necesitaba ganar 8 partidos. Un pulpo tiene 8 patas. Pete y Jerry Cusimano, que regentaban una pescadería en Detroit, vieron la conexión simbólica y lanzaron un pulpo a la pista durante los playoffs de 1952. Detroit ganó el campeonato en 8 partidos. La tradición quedó establecida.
El problema para la NHL es que el lanzamiento de pulpos está técnicamente prohibido como conducta antideportiva, y los estadios pueden recibir multas. Pero la tradición es tan arraigada en la cultura de Detroit que los Red Wings hacen la vista gorda durante los playoffs, y el personal del estadio tiene equipos específicos para recoger los cefalópodos del hielo con rapidez. En algunas temporadas especialmente exitosas, decenas de pulpos han aterrizado en la pista en un solo partido.
La barba de los playoffs: el ritual más hirsuto del deporte profesional
Desde los años 80, existe en el hockey de la NHL una superstición colectiva con carácter de ritual: durante los playoffs, los jugadores dejan de afeitarse. La barba de los playoffs (playoff beard) comenzó con los New York Islanders, que ganaron cuatro copas consecutivas entre 1980 y 1983 y cuya plantilla desarrolló la superstición de que afeitarse durante los playoffs traería mala suerte.
La práctica se extendió y hoy es prácticamente universal en la NHL. Al inicio de los playoffs, los jugadores llevan sus cuidadas barbas de temporada regular. Semanas después, si el equipo llega a la final, los jugadores lucen barbas descuidadas de varias semanas que se han convertido en símbolo de su camino. Cuando un equipo gana la copa, las imágenes de los jugadores celebrando muestran una colección heterogénea de barbas que documentan todo el recorrido.
Lo peculiarmente colectivo del ritual es que no es opcional: un jugador que se afeite durante los playoffs puede ser socialmente presionado por sus compañeros. Hay casos documentados de jugadores que han dicho públicamente que se afeitaron por las insistentes peticiones de su esposa o su madre, provocando reacciones de sus compañeros que van desde la broma hasta el auténtico enfado supersticioso.
El saludo de la línea y el respeto obligatorio
Al finalizar cada eliminatoria de playoffs, los dos equipos se forman en dos líneas paralelas y los jugadores de ambos bandos se estrechan la mano uno a uno. Este saludo de línea (handshake line) es uno de los rituales de respeto más hermosos del deporte profesional, y es completamente voluntario y no codificado en ningún reglamento: es simplemente lo que se hace.
Lo que hace especial este ritual es su contexto: ocurre minutos después de una serie que puede haber durado semanas, llena de golpes duros, agresiones, disputas y rivalidad intensa. En los minutos inmediatamente posteriores al pitido final, los jugadores que se han estado golpeando legalmente —y a veces ilegalmente— durante toda la serie se miran a los ojos y se dan la mano. La mayoría intercambia también algunas palabras de respeto genuino.