Un trofeo donado por 50 dólares que vale una fortuna histórica
En 1892, el Gobernador General de Canadá, Frederick Arthur Stanley, Lord Stanley of Preston, asistió a un partido de hockey sobre hielo en Ottawa y quedó tan impresionado por el entusiasmo del público que decidió donar un trofeo para el mejor equipo de hockey de Canadá. El regalo costó exactamente 10 guineas, equivalente a unos 50 dólares canadienses de la época —una cantidad modesta para un aristócrata británico—. Nadie imaginaba entonces que ese cuenco de plata se convertiría en el trofeo deportivo más famoso de América del Norte.
Lord Stanley nunca vio ningún partido con la copa que lleva su nombre. Fue repatriado a Inglaterra por compromisos familiares antes de que se entregara por primera vez, en 1893, al Montreal Hockey Club. Murió en 1908 sin haber presenciado en persona lo que su pequeño regalo había desencadenado.
La copa original que donó Stanley es una joya deportiva: una pequeña taza de plata con asas, de unos 18 centímetros de diámetro. La Copa Stanley actual, con sus múltiples anillos de plata grabados con los nombres de todos los campeones, es una creación acumulativa que ha crecido durante más de 130 años. El trofeo original se conserva en el Hockey Hall of Fame de Toronto; lo que los jugadores levantan y besan en las celebraciones es una réplica funcional de exhibición.
Una noche con la Copa: la tradición más peculiar del deporte profesional
La NHL tiene una tradición única entre los deportes profesionales: al ganar el campeonato, cada jugador del equipo tiene derecho a llevarse la Copa Stanley a su casa durante un día, acompañado por el custodio oficial del trofeo, Phil Pritchard, que viaja con guantes blancos y se asegura de que el trofeo no sufra daños permanentes.
Esta tradición ha producido algunas de las historias más absurdas y entrañables de la historia del deporte. Las más documentadas incluyen:
El defensa de los New Jersey Devils que olvidó la Copa en la cuneta de una carretera de Nueva Jersey a las dos de la mañana. Recordó dónde la había dejado varias horas después y volvió a buscarla: seguía allí.
El portero de los Colorado Avalanche que llevó la Copa a México para celebrar con su familia y la usó como recipiente para servir guacamole en una barbacoa familiar, ante el horror contenido del custodio que la acompañaba.
El delantero de los Detroit Red Wings que llevó la Copa a su pueblo natal en Suecia y la paseó en barco por un lago durante varias horas, probablemente con la idea de que los vikingos de sus antepasados habrían aprobado la imagen.
Y los múltiples casos de jugadores que simplemente se quedaron dormidos con la Copa en el sofá de casa, o que la llevaron a bares y restaurantes donde la usaron como recipiente para cerveza —algo que la Copa ha experimentado con tal frecuencia que los custodios han dejado de escandalizarse.
Los nombres grabados: errores y correcciones para la eternidad
En cada anillo de la Copa se graban los nombres del equipo campeón. Este proceso se realiza manualmente, y a lo largo de más de un siglo ha producido una colección fascinante de errores tipográficos que quedan grabados para siempre en el trofeo más famoso del hockey.
El Toronto Maple Leafs aparece en un anillo como “Toronto Maple Leaes” (sin la f final). Los Boston Bruins aparecen una temporada como “Bqstqn Bruins” (con Q en lugar de O). En otro anillo, un jugador aparece con su nombre mal escrito; la corrección fue añadir una plaquita sobre el error, lo que crea una textura visible si miras de cerca.
La política actual de la NHL es no corregir estos errores: son parte de la historia del trofeo, y alterarlos para hacerlos “perfectos” sería falsificar la historia. Los errores son tan auténticos como los aciertos, y en la Copa Stanley coexisten como testimonio de la imperfección humana incluso en los momentos más solemnes.
La Copa que se cayó al río Rideau
La aventura más dramática de la Copa ocurrió en 1905, cuando el equipo del Ottawa Hockey Club decidió celebrar su victoria con una sesión de fotos frente al río Rideau, en Ottawa. Alguien propuso jugar al fútbol con la Copa como portería improvisada. El resultado previsible fue que la Copa acabó en el río.
Afortunadamente para la historia del hockey, el río estaba helado en ese punto y la Copa no se hundió, sino que quedó sobre el hielo. Varios jugadores bajaron al río congelado y la recuperaron. Este es posiblemente el primer gran incidente de la Copa Stanley fuera del hielo, y establece el precedente para todas las aventuras posteriores: la Copa siempre sobrevive.