Alexander Mikhailovich Ovechkin nació el 17 de septiembre de 1985 en Moscú, en el seno de una familia deportista. Su madre, Tatyana, fue dos veces campeona olímpica de baloncesto con la selección soviética. Su padre, Mikhail, fue futbolista profesional. Ovechkin creció en un ambiente donde el deporte de élite era la norma, y eligió el hockey. Eligió bien.
El elegido de Moscú llega a Washington
Ovechkin fue elegido con el primer puesto del draft de la NHL de 2004 por los Washington Capitals, un equipo que llevaba años siendo de los peores de la liga. La llegada del ruso transformó la franquicia de manera inmediata: en su primera temporada, 2005-06, ganó el Calder Trophy al mejor novato, el Hart Trophy al MVP de la liga y marcó cincuenta y dos goles. Tenía veinte años.
Lo que distinguía a Ovechkin desde el principio era la brutalidad de su disparo. Su lanzamiento de potencia desde el lado izquierdo —el llamado “tiro de Ovechkin”, ejecutado desde la banda izquierda en el interior del área rival— se convirtió en el más temido de la NHL. Los porteros lo conocían, los defensas intentaban bloquear el espacio, y Ovechkin lo marcaba igual.
Nueve títulos de goleador y el dominio de una generación
Entre 2008 y 2019, Ovechkin ganó el Maurice Richard Trophy como máximo goleador de la temporada en nueve ocasiones. Su dominio en esta faceta del juego fue absoluto: en muchas de esas temporadas, la distancia con el segundo clasificado era tan grande que el debate sobre quién ganaría el título de goleador resultaba irrelevante.
Esta supremacía se produjo en paralelo a la rivalidad más seguida de la NHL moderna: la de Ovechkin con Sidney Crosby. Dos jugadores llegados al draft con un año de diferencia, radicalmente distintos en su manera de jugar y de entender el hockey, enfrentados en la misma división durante años. Si Crosby representaba la elegancia táctica y el liderazgo silencioso, Ovechkin representaba la potencia pura, la alegría de marcar goles y un carisma desbordante que lo hizo tan popular entre los aficionados como entre sus compañeros.
La Copa Stanley de 2018
Durante años, la ausencia de una Copa Stanley fue el único argumento que los críticos podían esgrimir contra Ovechkin. Venía de temporadas individuales brillantes pero los Capitals siempre caían en los playoffs antes de llegar a las finales. La Copa parecía esquivarle.
En 2018, todo encajó. Los Capitals de Ovechkin eliminaron a los Pittsburgh Penguins de Crosby en las semifinales de conferencia —una de las series más emotivas de los últimos años— y llegaron a las finales donde superaron a los Vegas Golden Knights en cinco partidos. Ovechkin, con treinta y dos años, levantó la Copa Stanley por primera vez. Fue el Conn Smythe Trophy al jugador más valioso de los playoffs.
Las imágenes de Ovechkin celebrando con el trofeo, llorando de alegría sobre el hielo, son de las más emocionantes de la NHL reciente. Después de tanto tiempo de espera, la Copa había llegado.
La persecución del récord histórico
Cuando Ovechkin superó los 700 goles, los aficionados empezaron a hablar del récord de Gretzky como una posibilidad real. Cuando llegó a 800, empezaron a tratarlo como una probabilidad. Cuando llegó a 850, la carrera hacia los 894 de Gretzky se convirtió en el seguimiento más mediático de la historia reciente de la liga.
El récord cayó en 2024, con Ovechkin ya a punto de cumplir cuarenta años, en una demostración de longevidad extraordinaria. Solo unos pocos atletas en cualquier deporte han podido mantener un nivel de élite tan alto durante tanto tiempo.
Legado
Ovechkin terminará su carrera como el máximo goleador de la historia de la NHL, y ese récord puede que no se vuelva a batir en décadas. The Great Eight —apodo derivado de su número, el 8— es sinónimo de potencia goleadora, de alegría competitiva y de una longevidad que desafía la biología. En Washington, es un dios del hielo.