Si Wayne Gretzky es el jugador con más puntos en la historia de la NHL, Mario Lemieux es el jugador que más puntos marcó por partido. En términos de talento puro, muchos expertos del hockey consideran que “Le Magnifique” superaba incluso al Gran One. Lo que limita las estadísticas de Lemieux es la lista de adversidades que tuvo que superar a lo largo de su carrera.
Los inicios en Montreal
Joseph Mario Lemieux nació el 5 de octubre de 1965 en Montreal, Quebec, en el seno de una familia de clase trabajadora donde el hockey era la pasión familiar. De joven jugó en las categorías juveniles de Quebec, donde sus actuaciones eran tan dominantes que todo el mundo en el hockey canadiense sabía que algo excepcional estaba creciendo.
En el draft de la NHL de 1984 fue seleccionado en primer lugar por los Pittsburgh Penguins, un equipo en horas bajas que necesitaba urgentemente un salvador. Lemieux se presentó al draft con una corbata sin atar, una declaración de principios que definió su personalidad: confiado, independiente, consciente de su valor.
Su primera temporada en la NHL, 1984-85, fue reveladora: 100 puntos de novato, incluyendo un gol y una asistencia en su primer partido de la liga. Pittsburgh tenía su estrella.
Logros y récords
Lemieux ganó el trofeo Hart como mejor jugador de la temporada en tres ocasiones y el Art Ross como máximo anotador en seis. Sus dos Copas Stanley con Pittsburgh en 1991 y 1992 son el pico de su carrera colectiva, y en ambas series finales fue el jugador definitivo, ganando el Conn Smythe como mejor de los playoffs en ambas ocasiones.
Pero el logro que supera a todos los demás es su regreso del cáncer en 1993. Diagnosticado con linfoma de Hodgkin en enero de ese año, recibió radioterapia y volvió al hielo en marzo, marcando en su primera noche de regreso. Al final de esa temporada fue el máximo anotador de la liga pese a haberse perdido semanas de competición.
Sus 690 goles y 1.033 asistencias en la NHL son la cifra de alguien que jugó menos partidos de los que debería haber jugado. Los cálculos que intentan estimar qué habría conseguido con una carrera sin interrupciones llegan a cifras que rivalizan con las del propio Gretzky.
Estilo y talento
Lemieux tenía todo lo que puede tener un jugador de hockey. Era enorme —media 1,93 metros— pero se movía con una agilidad impropia de su talla. Su manejo del palo era excepcional, su visión del juego comparable a la de Gretzky y su disparo uno de los más potentes y precisos de su época.
Lo que más impresionaba a quien lo veía jugar en directo era su capacidad para actuar en espacios pequeños. Un jugador de su tamaño debería ser lento en espacios reducidos; Lemieux era todo lo contrario.
Impacto y legado
Lemieux transformó a Pittsburgh en una ciudad de hockey. Los Penguins eran un equipo en quiebra cuando llegó; cuando se retiró eran una franquicia respetada con dos Copas Stanley. En 1999 se convirtió en copropietario del equipo, salvándolo de la bancarrota y demostrando que su compromiso con Pittsburgh iba más allá de lo deportivo.
Su regreso al hielo en 2000, a los 35 años y después de años de retiro, fue uno de los más sorprendentes de la historia del deporte. Volvió a jugar a un nivel de élite durante varias temporadas más. Mario Lemieux es la prueba de que el talento puede sobrevivir a casi cualquier cosa.