Martin Pierre Brodeur nació el 6 de mayo de 1972 en Montreal, Quebec. Su padre, Denis Brodeur, fue portero del equipo olímpico de hockey de Canadá en los Juegos de Melbourne de 1956, y la vocación deportiva estaba clara desde el principio en la familia. Martin eligió la misma posición que su padre y la elevó a un nivel que ningún otro portero ha alcanzado en la historia de la NHL.
Los inicios y la llegada a New Jersey
Brodeur fue elegido por los New Jersey Devils en el draft de 1990, en la segunda ronda. Pasó por el sistema de ligas menores y debutó brevemente en la NHL en la temporada 1991-92, pero su temporada completa como titular llegó en 1993-94. Ese primer año ganó el Calder Trophy al mejor novato de la temporada, algo poco frecuente para un portero. Era el inicio de una relación de por vida con la misma franquicia.
Lo que hacía diferente a Brodeur desde sus primeros años en la liga era la combinación de reflejos extraordinarios con una inteligencia posicional que reducía los ángulos de tiro con una eficacia que hacía que muchos tiros fáciles para otros porteros lo fueran todavía más para él. Sus compañeros de equipo y sus entrenadores describían a un jugador que tenía siempre el partido bajo control mental.
Las tres Copas Stanley y el sistema Devils
Los New Jersey Devils de los años noventa y dos mil construyeron uno de los sistemas defensivos más sólidos de la historia de la NHL, basado en una trampa neutral que desesperaba a los equipos atacantes y dejaba a Brodeur con relativamente pocos tiros a puerta. Sus críticos usaban este argumento para reducir sus logros. Sus defensores —mayoría aplastante— señalaban que la trampa solo funciona cuando el portero que la sostiene es excepcional, y que Brodeur rendía al máximo incluso cuando la defensa fallaba.
Las victorias de 1995, 2000 y 2003 convirtieron a los Devils en la dinastía de la era moderna junto a los Detroit Red Wings, y Brodeur fue en las tres ocasiones el elemento más importante del equipo. En la final de 2003 contra los Mighty Ducks de Anaheim, Brodeur fue impresionante durante siete partidos de altísimo nivel.
El portero que jugaba como defensa
La mayor innovación de Brodeur en el juego fue su participación activa fuera del área. Donde la mayoría de los porteros esperaban detrás de la línea de gol, Brodeur salía a recoger discos en los rincones, iniciaba jugadas de transición con pases precisos y era tan seguro manejando el puck que los entrenadores podían diseñar jugadas de salida de zona que lo incluían.
Este estilo fue tan influyente que la NHL tuvo que cambiar las reglas: la llamada “regla Brodeur”, aprobada en 2005, limitó el área en la que los porteros pueden tocar el disco detrás de la línea de gol, reconociendo implícitamente que Brodeur usaba esa ventaja de una manera que ningún otro portero había hecho antes.
Los récords inalcanzables
Los números de Brodeur son sencillamente de otro planeta. Sus 691 victorias en temporada regular, sus 125 shutouts y sus 1.266 partidos jugados son récords que probablemente tarden décadas en ser superados, si es que alguna vez lo son. La longevidad que requirió alcanzar esas cifras —Brodeur jugó al máximo nivel hasta los cuarenta años— es en sí misma un logro extraordinario.
Sus cuatro Vezina Trophies como mejor portero de la temporada, sus medallas de oro olímpicas con Canadá en Salt Lake City 2002 y Vancouver 2010, y su inclusión en el Salón de la Fama del Hockey en 2018 completan el retrato de uno de los deportistas más completos de la historia del hockey.
Legado
Martin Brodeur no solo fue el mejor portero de su época: fue el mejor portero de todas las épocas. Sus récords, su estilo revolucionario y su lealtad a una sola franquicia durante más de veinte años lo convierten en una figura única en la historia de la NHL. En New Jersey, su número 30 cuelga retirado del techo del Prudential Center como testimonio permanente de lo que un hombre puede hacer cuando el talento se combina con el trabajo y la longevidad.