En el hockey sobre hielo existe una frase que lo resume todo: si quieres entender lo que fue Wayne Gretzky, basta con saber que sus asistencias —los pases que dio para que otros marcaran— superan los puntos totales del segundo jugador de la historia. Gretzky no fue el mejor jugador del hockey. Fue el hockey hecho persona.
Los inicios en Brantford
Walter Wayne Gretzky nació el 26 de enero de 1961 en Brantford, Ontario, Canadá. En un país donde el hockey es religión, Wayne aprendió a patinar casi antes que a caminar. Su padre, Walter, construyó una pista de hielo en el jardín de su casa —la famosa “Wally Coliseum”— donde Wayne pasaba horas practicando en pleno invierno canadiense.
Era un niño prodigio en el sentido más estricto. A los diez años ya marcaba cien goles por temporada en las ligas infantiles. A los 16 jugaba en la Ontario Hockey League. A los 17, en la World Hockey Association, la liga rival de la NHL. Y con 18 años, cuando los Edmonton Oilers fueron absorbidos por la NHL, empezó su carrera en la liga mayor.
Su primer año en la NHL, 1979-80, terminó con 137 puntos. El récord de un debutante era de 109. Quedaba claro que algo completamente diferente había llegado al hockey.
Logros y récords
La lista de récords de Gretzky en la NHL es tan larga que ocupa páginas. Los más impactantes: 894 goles —el récord de todos los tiempos—, 1.963 asistencias —que por sí solas constituyen el récord de todos los tiempos—, y 2.857 puntos totales, que doblan prácticamente la cifra del segundo clasificado.
Ganó cuatro Copas Stanley con los Edmonton Oilers entre 1984 y 1988. Ganó el trofeo Hart como jugador más valioso de la temporada en nueve ocasiones. Ganó el trofeo Art Ross como máximo anotador de la temporada en diez ocasiones. Fue elegido para el All-Star Game en 18 de sus 20 temporadas en la NHL.
Sus estadísticas son tan superiores a las de cualquier otro jugador que los analistas suelen debatir no si fue el mejor, sino cuánto mejor fue.
Estilo y visión de juego
Lo que hacía único a Gretzky no era la velocidad —nunca fue el más rápido— ni la potencia de disparo —tampoco era el más potente—. Lo que le hacía único era su capacidad para leer el juego. Anticipaba dónde iba a estar el disco antes de que llegara allí. Sabía dónde iban a estar sus compañeros antes de que ellos lo supieran.
Tenía también una zona favorita: el área detrás de la portería contraria, que él mismo bautizó como “la oficina”. Desde allí distribuía el juego, daba asistencias y generaba oportunidades que otros jugadores ni siquiera veían.
Impacto y legado
Gretzky transformó el hockey. Cuando fue traspasado a Los Angeles Kings en 1988, el hockey en California era prácticamente inexistente. Gretzky lo cambió: los Kings empezaron a llenar el Forum, el deporte creció en el sur de California y el hockey empezó su expansión hacia mercados no tradicionales.
Es el único jugador cuyo número —el 99— está retirado en toda la NHL, sin excepción. No hace falta ganar un campeonato para retirar un número: basta con ser Wayne Gretzky. En Canadá es una figura de dimensiones míticas, y en el mundo del deporte es uno de los nombres que aparece siempre en cualquier debate sobre los mejores deportistas de la historia.