El five-hole es una de las expresiones del argot del hockey hielo que ha trascendido la pista y se usa habitualmente en medios de comunicación, videojuegos y conversaciones de aficionados en todo el mundo. Designa el espacio que queda entre las almohadillas de las piernas del portero, una vulnerabilidad anatómica inevitable que ninguna equipación puede eliminar completamente. Los porteros pueden cerrar ese espacio con técnica y velocidad de reacción, pero mientras estén de pie o en movimiento existirá siempre una apertura potencial que los atacantes intentan explotar con disparos rasos y pases cruzados bajos.
La historia del five-hole está ligada a la evolución de la técnica de portería. En las décadas anteriores a los años ochenta, los porteros tendían a quedarse de pie y cubrir principalmente la parte superior de la portería, dejando la zona baja más expuesta. La introducción y generalización de la postura butterfly —caer de rodillas con los pads abiertos hacia los lados— transformó la forma en que los porteros defienden los disparos bajos y cerró el five-hole de manera mucho más eficiente. Porteros como Patrick Roy, que popularizó el butterfly en los años noventa, demostraron que esta postura podía controlar tanto la zona baja como la media de la portería, reduciendo drásticamente el porcentaje de disparos convertidos por ese ángulo.
La paradoja del five-hole en el hockey hielo moderno es que los atacantes siguen intentándolo de forma recurrente precisamente porque el portero en postura butterfly está tan concentrado en cubrir ese espacio que a veces sacrifica la cobertura de las esquinas superiores. Los mejores goleadores de la NHL son capaces de fintar hacia el five-hole para provocar que el portero cierre las piernas y luego elevar el disco hacia una esquina superior que ha quedado despejada. Este diálogo táctico entre atacante y portero —la amenaza de un espacio para abrir otro— es uno de los elementos más fascinantes del juego a nivel técnico individual.