El power play, o superioridad numérica, es una de las situaciones de juego más emocionantes e influyentes del hockey hielo. Cuando un jugador comete una infracción y el árbitro lo envía al penalty box, el equipo contrario disfruta de una ventaja numérica que puede ser de 5 contra 4, o incluso de 5 contra 3 si dos jugadores del mismo equipo están simultáneamente sancionados. En esos minutos, el equipo en ventaja despliega toda su creatividad ofensiva en formaciones específicamente entrenadas, mientras el equipo corto —el que juega en inferioridad— trabaja en bloque para neutralizar el peligro hasta que sus jugadores regresen.
Las estadísticas de power play son un indicador clave de la calidad ofensiva de un equipo. Los entrenadores dedican largas horas de entrenamiento a perfeccionar las unidades de superioridad, que suelen estar formadas por los mejores manejadores del disco y los disparadores más potentes. El juego en power play requiere una gran movilidad del disco, transiciones rápidas de un lado a otro de la zona ofensiva para abrir espacios y crear líneas de tiro libres. Jugadores legendarios como Wayne Gretzky o Mario Lemieux elevaron el power play a una forma de arte, demostrando que el hockey hielo en superioridad numérica puede ser tan vistoso como efectivo.
Desde el punto de vista defensivo, el equipo en inferioridad numérica practica lo que se conoce como penalty killing, un sistema defensivo sacrificado que exige una lectura anticipada del juego excepcional. Los equipos con un buen penalty kill consiguen reducir el impacto de sus propias penalizaciones y, en ocasiones, salen de la zona defensiva en contragolpe para marcar en inferioridad —los denominados shorthanded goals, que son celebrados con especial euforia por su dificultad e improbabilidad. El equilibrio entre el poder del ataque en superioridad y la solidez del penalty kill es uno de los factores más determinantes en el resultado de una temporada.