El nacimiento de la NHL y la profesionalización del hockey
El paso del hockey amateur al profesional fue gradual pero inexorable. A principios del siglo XX, algunos jugadores ya recibían compensaciones económicas bajo la mesa en la National Hockey Association (NHA), la liga dominante de Canadá. La situación se regularizó cuando el 26 de noviembre de 1917 se fundó oficialmente la National Hockey League (NHL) en Montreal, una federación de franquicias profesionales que se convertiría en el epicentro del hockey mundial.
En sus primeras décadas, la NHL fue esencialmente una liga canadiense, aunque pronto incorporó franquicias estadounidenses de ciudades como Boston, Nueva York y Chicago. La expansión al mercado estadounidense fue una decisión estratégica que multiplicó la audiencia del deporte y aumentó los recursos disponibles para los equipos. Los Boston Bruins (1924), los New York Rangers y los Chicago Blackhawks (ambos en 1926) fueron las primeras franquicias americanas que se convirtieron en clubes históricos de referencia.
La era de los Original Six (los seis equipos que conformaron la NHL entre 1942 y 1967) es recordada como el período dorado de la liga en su forma más clásica: Montreal Canadiens, Toronto Maple Leafs, Boston Bruins, Chicago Blackhawks, Detroit Red Wings y New York Rangers disputaban una liga reducida e intensa que producía estrellas de enorme popularidad. Las rivalidades de este periodo —especialmente la que enfrentaba a Canadiens y Maple Leafs— forjaron pasiones que perduran hasta hoy.
La expansión de 1967 y la guerra de ligas
En 1967, la NHL se expandió de seis a doce equipos, un crecimiento que reflejaba el aumento de la afición en Estados Unidos y que abría el deporte a nuevos mercados. Ciudades como Los Ángeles, Filadelfia y Pittsburgh recibieron franquicias que con el tiempo se convertirían en referencias del deporte.
La primera gran amenaza al monopolio de la NHL llegó en 1972 con la creación de la World Hockey Association (WHA), una liga rival que luchó por los mejores jugadores ofreciéndoles salarios muy superiores. La WHA logró fichar a estrellas como Bobby Hull y abrió la puerta a jugadores europeos —principalmente suecos y finlandeses— que la NHL había ignorado sistemáticamente. La competencia entre las dos ligas elevó los salarios, mejoró las condiciones de los jugadores y, paradójicamente, popularizó el deporte. En 1979, la WHA se disolvió y cuatro de sus franquicias (Edmonton Oilers, Quebec Nordiques, Winnipeg Jets y Hartford Whalers) se integraron en la NHL.
La llegada del hockey europeo al escenario mundial
Mientras la NHL dominaba el hockey profesional en América del Norte, Europa desarrollaba su propia cultura del deporte. La Unión Soviética, que comenzó a jugar hockey sobre hielo a gran escala solo tras la Segunda Guerra Mundial, creó en tiempo récord un sistema de alto rendimiento que produjo equipos capaces de competir e incluso superar a los mejores canadienses.
La Serie de la Cumbre de 1972 (Summit Series) entre Canadá y la URSS es uno de los eventos más importantes de la historia del deporte del siglo XX. Ocho partidos disputados en septiembre de 1972 —cuatro en Canadá y cuatro en Moscú— enfrentaron por primera vez a los mejores profesionales canadienses de la NHL contra el seleccionado soviético, considerado hasta entonces amateur. Canadá ganó la serie por cuatro victorias a tres, con un empate, pero el resultado dejó claro que los soviéticos estaban al mismo nivel técnico y táctico que los mejores del mundo.
Suecia, Finlandia, Checoslovaquia y posteriormente otros países europeos también desarrollaron escuelas de hockey de altísimo nivel, exportando jugadores que enriquecieron la NHL con estilos de juego distintos al hockey canadiense más físico y directo. La globalización del talento transformó la NHL en una liga verdaderamente internacional.
El olimpismo y la Copa del Mundo como escaparate global
El hockey sobre hielo estuvo presente en los Juegos Olímpicos desde Amberes 1920 (en el programa de los Juegos de Verano) y desde Chamonix 1924 en los Juegos de Invierno. Durante décadas, el torneo olímpico fue la máxima competición para las selecciones, aunque la ausencia de jugadores profesionales de la NHL lo privó de algunos de los mejores talentos del mundo.
Todo cambió en Nagano 1998, cuando por primera vez los jugadores de la NHL pudieron participar en los Juegos Olímpicos. El resultado fue un torneo de una calidad sin precedentes: la victoria de la República Checa, liderada por el portero Dominik Hasek, ante la favorita Canadá es uno de los partidos más recordados de la historia del hockey. Desde entonces, el torneo olímpico ha alternado entre la excelencia absoluta y la polémica de la participación o no de los jugadores de la NHL, una tensión que refleja el poder económico y la centralidad de la liga norteamericana en el deporte mundial.