Kim Yuna nació el 5 de septiembre de 1990 en Bucheon, provincia de Gyeonggi, Corea del Sur. Su historia es la de una niña que aprendió a patinar en condiciones precarias —las instalaciones de patinaje eran escasas en Corea a principios de los años 2000— y que se convirtió en la patinadora más perfecta técnicamente de su generación, una figura capaz de elevar un deporte entero a la conciencia pública de su país.
Los inicios: un deporte sin tradición en Corea
Cuando Kim Yuna empezó a competir internacionalmente, Corea del Sur no era un país con tradición en el patinaje artístico. El patinaje de velocidad sí era popular (Corea ha dominado el short track), pero el patinaje artístico era un deporte de nicho con poca infraestructura y ninguna figura de referencia.
Kim Yuna cambió todo eso. Su primera aparición en el Grand Prix internacional, a los 16 años, fue una revelación: técnica impecable, presencia escénica madura y una capacidad de conectar con el público que los jueces de componentes del programa reconocían sistemáticamente con las notas más altas.
El sistema perfecto: cómo patinaba Kim Yuna
La técnica de Kim Yuna es considerada por muchos entrenadores y analistas del patinaje como la referencia absoluta en el patinaje femenino moderno. Sus saltos tenían tres características que maximizaban la puntuación en el sistema IJS:
- Filo perfecto en el despegue: sus Lutz y Flip partían siempre del filo correcto, sin los errores de “flutz” o “lip” que muchas patinadoras cometen y que los jueces técnicos penalizan.
- Rotación completa: sus saltos tenían siempre el número de rotaciones completas declarado, sin bajo-rotaciones.
- Aterrizaje limpio: sus salidas de salto eran suaves, estables y en filo correcto, sin pasos de corrección.
La consecuencia directa era que sus GOEs eran sistemáticamente los más altos de la competición: conseguía el máximo valor de cada elemento que ejecutaba, lo que sumado a sus altas notas de componentes del programa la hacía prácticamente imbatible cuando estaba en forma.
Vancouver 2010: la actuación perfecta
Los Juegos de Vancouver 2010 fueron el escenario donde Kim Yuna se convirtió en leyenda. Ya llegó como gran favorita —era la dominadora del circuito internacional desde 2007— pero la presión del escenario olímpico es siempre una incógnita.
En el programa corto, Kim Yuna batió el récord mundial con 78,50 puntos. Su Danza española (del compositor De Falla, arreglada) fue una actuación de una elegancia y una precisión que dejó al público y a los jueces sin palabras.
En el programa libre, con el Concierto en Re menor de Gershwin como música, ejecutó un programa de dificultad técnica altísima con una calidad de ejecución casi perfecta. Su puntuación total fue de 228,56 puntos, un nuevo récord mundial que superaba en más de 20 puntos el anterior. Su rival principal, la japonesa Mao Asada, ejecutó tres Axels triples —un logro sin precedentes— pero no pudo igualarla.
Sochi 2014 y la controversia del oro perdido
Kim Yuna regresó a los Juegos de Sochi 2014 tras un período sabático de un año, a los 23 años. Muchos esperaban que su segundo oro olímpico fuera un trámite. Lo que ocurrió fue una de las decisiones más polémicas de la historia del patinaje artístico.
La rusa Adelina Sotnikova ganó el oro. Kim Yuna quedó con la plata. La comunidad del patinaje artístico —incluyendo exjueces, expertos y los propios espectadores— reaccionó con incredulidad: la actuación de Kim Yuna era visiblemente superior en la mayoría de aspectos. La investigación posterior reveló que uno de los jueces tenía vínculos familiares con la federación rusa.
La petición de revisión del resultado en change.org superó los dos millones de firmas. La ISU no anuló el resultado, pero el episodio quedó como una mancha en la historia del deporte.
El legado de Queen Yuna
Kim Yuna se retiró del patinaje competitivo poco después de Sochi 2014. En Corea del Sur es una figura de dimensión cultural: su imagen cambió la percepción del patinaje artístico en un país que ahora cuenta con una comunidad de aficionados enorme y con patinadoras jóvenes que la toman como referencia. Fue la portadora de la antorcha olímpica en los Juegos de Invierno de Pyeongchang 2018, en el estadio en el que comenzaron los Juegos de su propio país. Un círculo perfecto.