Yuzuru Hanyu nació el 7 de diciembre de 1994 en Sendai, Miyagi. Es el patinador artístico más premiado de su generación y para muchos —aficionados, entrenadores, patinadores rivales— el mayor de todos los tiempos. Su palmarés es extraordinario, pero lo que distingue a Hanyu de cualquier otra figura del deporte es la búsqueda incesante de lo imposible: no le bastaba con ganar. Quería ir más allá de lo que ningún ser humano había hecho antes sobre el hielo.
Sendai, el terremoto y el camino hacia el élite
La infancia de Hanyu estuvo marcada desde el principio por la adversidad. Comenzó a patinar a los cuatro años, y con nueve años le diagnosticaron asma bronquial —una condición que lo acompañó toda su carrera y que hacía más llamativa su capacidad para mantener esfuerzos físicos extremos. En marzo de 2011, cuando Hanyu tenía 16 años, el gran terremoto y tsunami de Tōhoku destruyó parcialmente su ciudad natal de Sendai. El pabellón de hielo donde entrenaba quedó inutilizable durante meses. Hanyu entrenó en centros prestados por toda Japan, sin condiciones fijas, mientras seguía compitiendo internacionalmente.
En 2012 se trasladó a Toronto para entrenarse bajo la dirección de Brian Orser, expatinador canadiense y doble subcampeón olímpico, que se convertiría en el artífice técnico de su transformación en campeón olímpico.
Sochi 2014: el primer oro olímpico
En los Juegos Olímpicos de Sochi 2014, Hanyu tenía 19 años. Era el favorito tras una temporada dominante en el Grand Prix, pero la presión del escenario olímpico era algo diferente. En el programa corto, batió el récord mundial. En el programa libre, una actuación irregular (con caída) le dejó en la cima por márgenes ajustados.
Cuando se anunció su victoria, las imágenes de Hanyu llorando en el K&C y abrazando a Brian Orser dieron la vuelta al mundo. A los 19 años, se convertía en el campeón olímpico masculino más joven desde el americano Scott Hamilton en 1984 (que también tenía 19 años).
Pyeongchang 2018: la defensa del título con tobillo lesionado
Cuatro años después, en los Juegos de Pyeongchang 2018, la historia olímpica de Hanyu se tornó legendaria. Apenas tres meses antes de los Juegos, en noviembre de 2017, sufrió una grave lesión de ligamentos del tobillo derecho durante un entrenamiento. Los médicos recomendaban entre tres y cuatro meses de recuperación. Los Juegos estaban a cien días.
Hanyu eligió disputar los Juegos. Llegó a Corea con el tobillo aún en recuperación, entrenando por debajo de sus capacidades normales. Y sin embargo, patinó con una limpieza y una precisión que superó a todos sus rivales. Su programa libre con la música de Seimei —basada en la película japonesa sobre el onmyoji Abe no Seimei— fue considerado por muchos uno de los mejores programas competitivos de la historia del patinaje artístico masculino.
Doble campeón olímpico. El primero en lograrlo desde Dick Button, setenta años antes.
Pekín 2022: la búsqueda del cuádruple Axel
Hanyu llegó a los Juegos de Pekín 2022 con 27 años, recuperado de otra lesión —una lesión grave de tobillo en el hielo de práctica de un torneo en 2019— y con un objetivo declarado: ser el primero en ejecutar el cuádruple Axel en competición oficial.
El salto —4,5 rotaciones, el más difícil de la historia del patinaje artístico— nunca había sido intentado con reconocimiento oficial por ningún competidor. Hanyu no solo lo incluyó en su programa: lo eligió como el centro de su actuación.
Cayó en el primer intento. Cayó en el segundo. Quedó fuera del podio. Y sin embargo, el mundo del patinaje lo miró con admiración: solo Hanyu era capaz de arriesgarlo todo en el mayor escenario posible. El COI y la ISU reconocieron el intento como el primer cuádruple Axel intentado en unos Juegos Olímpicos.
El patinador más querido del mundo
Más allá del palmarés, Yuzuru Hanyu es una figura cultural de primer orden en Japón y en todo el mundo del patinaje artístico. Sus actuaciones —el Chopin del Programa Corto, el SEIMEI del Libre, el Let Me Entertain You de sus últimas temporadas— han generado millones de seguidores en todo el mundo. En cada competición, el público le lanza peluches de Winnie the Pooh, que coleccionan los recogedores de flores en enormes bolsas.
En julio de 2022 anunció su retirada del patinaje competitivo para convertirse en patinador profesional con pleno control sobre sus actuaciones. El patinaje artístico no volvería a ser el mismo.