La historia del buceo en apnea es tan antigua como la humanidad misma. Mucho antes de que existieran las bombonas de oxígeno, el ser humano ya se sumergía bajo el agua conteniendo la respiración para pescar, recolectar y explorar. Lo que hoy llamamos freediving o apnea deportiva es el capítulo más reciente de una historia que se extiende por miles de años y varios continentes.
Las Ama: el buceo en apnea como tradición viva
En las costas de Japón y Corea existe desde hace más de 2.000 años una comunidad de buceadoras conocidas como Ama (literalmente “mujeres del mar” en japonés). Vestidas con trajes blancos y sin equipo de respiración, estas mujeres se sumergen repetidamente a profundidades de 5 a 20 metros para recolectar ostras perlíferas, abulón, erizos de mar y algas.
La tradición Ama es predominantemente femenina porque se creyó durante siglos que las mujeres soportaban mejor las inmersiones repetidas en agua fría, posiblemente por su mayor proporción de grasa corporal. Hoy quedan pocas miles de Ama activas, pero su tradición sigue siendo reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial en Japón y ha influido en la investigación científica sobre las adaptaciones del cuerpo humano al buceo en apnea.
El Mediterráneo y los buscadores de perlas
Mientras en el Pacífico las Ama perfeccionaban su arte, en el Mediterráneo los buzos de esponjas griegos y los buscadores de perlas del Golfo Pérsico desarrollaban sus propias técnicas. En la Grecia clásica, los spongiárades de las islas del Dodecaneso (especialmente Kalymnos y Symi) eran célebres por sus capacidades, buceando a profundidades de 30 metros o más para recolectar esponjas marinas.
En España, la tradición del buceo en apnea tiene raíces en la pesca artesanal de las comunidades costeras mediterráneas, donde pescadores y mariscadores usaban la inmersión para capturar pulpos, erizos y mariscos. Esta cultura popular del buceo libre precede en siglos a la apnea deportiva moderna.
El siglo XX: de Maiorca a la competición organizada
El salto de la tradición popular al deporte moderno tiene un nombre propio: Raimondo Bucher, el oficial italiano que en 1949 apostó a que podía descender a 30 metros en el mar y ganó la apuesta. Este momento informal se considera el primer récord moderno de apnea.
A partir de los años 60 comenzó una rivalidad apasionante entre el francés Jacques Mayol y el italiano Enzo Maiorca, los dos grandes pioneros del freediving de profundidad. Ambos se disputaron la barrera de los 100 metros durante décadas, considerada entonces el límite fisiológico absoluto del cuerpo humano. Mayol fue el primero en superarla, en 1976, con 100 metros exactos. Esta historia inspiró la película El Gran Azul (Luc Besson, 1988), que popularizó la apnea en todo el mundo.
La fundación de la AIDA (1992)
En 1992, en Niza (Francia), un grupo de apneístas fundó la Association Internationale pour le Développement de l’Apnée con el objetivo de poner orden en un deporte que crecía rápidamente pero carecía de estructura. Antes de la AIDA, los récords se establecían de forma dispersa y sin criterios unificados. La nueva organización definió las disciplinas oficiales, estableció protocolos de seguridad y comenzó a organizar campeonatos del mundo.
Herbert Nitsch y la era de los récords extremos
El austriaco Herbert Nitsch (nacido en 1970) se convirtió en el símbolo del freediving extremo del siglo XXI. Piloto de aviación comercial, descubrió la apnea de adulto y progresó hasta establecer récords en las seis disciplinas de la AIDA, algo sin precedentes. Su apodo es “el hombre más profundo del mundo”.
En 2012, Nitsch intentó el récord de No-Límites a 244 metros en el mar Egeo. Alcanzó su objetivo pero sufrió una grave embolia gaseosa durante el ascenso con el globo que le causó daños neurológicos severos. Su recuperación fue un proceso de años que él mismo documentó y que se convirtió en un testimonio sobre los límites del cuerpo humano y la capacidad de superación.
España en la historia de la apnea
España ha tenido un papel relevante en el desarrollo de la apnea, especialmente a través de su vínculo con el Mediterráneo. La Federación Española de Actividades Subacuáticas (FEDAS) comenzó a estructurar la práctica desde los años 70, y la aparición de competidores de nivel internacional como Carlos Coste –nacido en Venezuela pero formado en gran parte en España– puso al país en el mapa del freediving competitivo de élite.
La tradición pesquera del Mediterráneo, las aguas tranquilas del Levante y las Islas Baleares, y la presencia de escuelas de reconocido prestigio han convertido a España en uno de los países europeos con mayor número de practicantes de apnea tanto recreativa como competitiva.