Los salones de billar son uno de los espacios sociales más cargados de historia en la cultura occidental. Desde los palacios reales del siglo XVII hasta los bares de barrio del siglo XXI, las salas de billar han sido lugares de encuentro, socialización, competición y, en algunos períodos, marginalidad. Su historia es un espejo de los cambios sociales de cada época.
Los primeros salones aristocráticos
En los siglos XVII y XVIII, el billar era un pasatiempo exclusivamente aristocrático y las primeras salas de billar eran habitaciones dentro de los palacios de la nobleza europea. La mesa de billar era un símbolo de estatus: tenerla en casa significaba poder económico y gusto cultivado. El Rey Sol, Luis XIV de Francia, tenía su propia sala de billar en Versalles y jugaba regularmente con sus cortesanos.
Esta exclusividad fue diluyéndose a lo largo del siglo XVIII, cuando los cafés y fondas de las ciudades europeas empezaron a incorporar mesas de billar para atraer clientela. El billar empezó su lento proceso de democratización.
Los cafés-billares del siglo XIX
El siglo XIX fue la gran época de los cafés-billares en Francia y en general en la Europa continental. Estos establecimientos combinaban la función de café (lugar de conversación, lectura de periódicos, debate político) con la de sala de juego. En una época anterior a la televisión, la radio y el cine, el café-billar era uno de los principales espacios de ocio y socialización masculina en las ciudades.
Los pool halls americanos
En Estados Unidos, el equivalente al café-billar europeo fue el pool hall. En las ciudades industriales de principios del siglo XX, los pool halls eran lugares donde los trabajadores pasaban las tardes después del turno de fábrica. Eran espacios democráticos donde se mezclaban inmigrantes de diferentes orígenes, y en muchas comunidades funcionaban como primer punto de integración social.
La asociación de los pool halls con las apuestas y la marginalidad llevó a que muchos estados americanos los regularan estrictamente o incluso los prohibieran. En algunos estados, la edad mínima para entrar era de 18 o 21 años. Esta legislación restrictiva contribuyó a la imagen de lugar “prohibido” que el pool hall tuvo durante décadas.
El declive y la reinvención
La popularización de la televisión en los años 50 y 60 golpeó duramente a los salones de billar. El entretenimiento doméstico redujo la necesidad de espacios de ocio extradomésticos. En Estados Unidos, el número de salas de billar cayó drásticamente. En Europa, muchos cafés-billares cerraron o se convirtieron en bares normales.
La reinvención vino de dos formas: la incorporación de mesas de billar en los bares convencionales (donde el billar pasó a ser una actividad de bares en lugar de un espacio especializado) y la aparición de los clubs de billar deportivo, más asociados al deporte competitivo que al juego informal.