En bobsleigh, el freno no es una herramienta de control durante la bajada: es el mecanismo de seguridad que detiene el trineo tras cruzar la línea de meta. Aplicarlo en el momento correcto y con la técnica adecuada evita que el trineo continúe deslizándose hasta el final del canal de frenado, que puede tener varios centenares de metros de longitud.
El rol del tripulante de frenos
El frenos, como se llama en el argot al tripulante encargado de este sistema, ocupa la posición trasera del bobsleigh. Durante toda la bajada no tiene función activa en la dirección ni en la propulsión, pero debe estar completamente concentrado para ejecutar el frenado en el instante exacto tras cruzar la meta. Su preparación física y mental es tan exigente como la del piloto.
El momento de activar el freno
El freno se acciona únicamente cuando el trineo ha cruzado por completo la línea de llegada. Activarlo antes supone una penalización o descalificación en competición. El frenos debe distinguir visualmente o por señal auditiva el cruce de meta, lo que no es sencillo cuando se viaja a más de 120 km/h dentro de una cápsula con visibilidad limitada.
La técnica de frenado progresivo
El frenado no debe ser brusco. Aplicar el freno de golpe a alta velocidad puede desestabilizar el trineo, hacerlo zigzaguear o incluso volcar en el canal de frenado. La técnica correcta consiste en tirar de la palanca de forma progresiva, aumentando la presión gradualmente para que la desaceleración sea suave y controlada. El trineo debe quedarse dentro de los límites del canal de frenado.
Condiciones del hielo y ajuste del frenado
La dureza y temperatura del hielo afectan directamente a la eficacia del freno. Un hielo muy duro y frío ofrece menos fricción a las cuchillas, por lo que se necesita más recorrido para detener el trineo. Un hielo más blando frena con mayor rapidez. Los tripulantes de frenos aprenden a modular la intensidad del frenado según las condiciones del día y de la pista.
Entrenamiento para el frenado
El entrenamiento del frenado se practica en las propias bajadas de entrenamiento, repitiendo el gesto de activación de la palanca hasta que se convierte en un reflejo automático. También se simulan situaciones de emergencia, como frenar antes de lo previsto si el piloto pierde el control o el trineo se desvía peligrosamente en las últimas curvas del canal.