El gancho es uno de los golpes más temidos del boxeo. Su trayectoria semicircular permite rodear la guardia del rival y llegar a zonas como la mandíbula o el hígado que son difíciles de alcanzar con golpes rectos. Cuando se ejecuta con precisión y potencia, el gancho puede poner fin a un combate de forma inmediata.
A diferencia del jab o el directo, que viajan en línea recta, el gancho describe un arco. El boxeador gira las caderas y los hombros, transfiriendo el peso del cuerpo al golpe. El brazo se mantiene doblado, con el codo apuntando hacia afuera durante el impacto. Puede lanzarse con cualquiera de los dos brazos, aunque el gancho de izquierda (en boxeadores ortodoxos) es especialmente conocido por su poder destructivo.
Reglamentariamente, el gancho debe seguir las mismas normas que cualquier golpe en boxeo. Debe impactar con los nudillos, en las zonas permitidas (cabeza y torso por encima de la cintura), y sin que el codo sirva como arma. El uso del codo en lugar del puño durante el gancho es una infracción que el árbitro puede sancionar.
El gancho al hígado
El gancho al hígado es considerado uno de los golpes más dolorosos que puede recibir un boxeador. El hígado es un órgano especialmente sensible a los impactos y, cuando un gancho preciso lo golpea, el dolor puede ser instantáneo e incapacitante. Muchos grandes combates se han resuelto con un gancho al hígado perfectamente colocado.
Diferencias entre el gancho corto y el largo
El gancho corto se lanza desde muy cerca del rival, con poco recorrido pero máxima velocidad y sorpresa. El gancho largo tiene más recorrido y potencia, pero tarda más en llegar y es más fácil de esquivar. Los boxeadores combinan ambos según la distancia y la situación táctica.