El jab es el golpe más importante del boxeo. Aunque no sea el más potente, es el más usado y el más versátil. Un boxeador que domina su jab controla el ritmo del combate, mantiene la distancia con el rival y prepara los golpes más fuertes. No en vano, se dice que el jab es el “lenguaje” del boxeo: a través de él, el púgil se comunica con su oponente.
Técnicamente, el jab se lanza con la mano delantera en guardia. En un boxeador con guardia ortodoxa (diestro), es el puño izquierdo; en un zurdo en guardia southpaw, el derecho. El golpe viaja en línea recta hacia el objetivo, con el brazo extendido y la muñeca rotada para que los nudillos impacten de lleno.
Desde el punto de vista reglamentario, el jab debe cumplir las mismas normas que cualquier otro golpe en boxeo: impactar en zonas permitidas del cuerpo del rival y lanzarse con la parte delantera del guante (los nudillos), no con la parte interior, el borde ni la palma.
El jab como herramienta táctica
Un jab eficaz cumple varias funciones simultáneamente: mantiene al rival a distancia, interrumpe sus combinaciones, genera puntos en las tarjetas de los jueces e interrumpe el ritmo del contrario. Los mejores boxeadores de la historia, desde Muhammad Ali hasta Floyd Mayweather, han basado gran parte de su dominio en un jab impecable.
Lo que no está permitido en el jab
Si el boxeador lanza el jab hacia la nuca o la parte posterior de la cabeza del rival, el árbitro puede detener el combate y advertir o restar puntos. También es ilegal usar el jab para abrir la guardia del rival y luego agarrarlo: los golpes y los agarres son acciones separadas y combinarlos deliberadamente supone una infracción.