El pesaje es uno de los rituales más importantes del boxeo y una de las fases más reguladas por el reglamento. Cada categoría de peso tiene un límite máximo establecido, y los boxeadores deben estar por debajo de ese límite en el momento del pesaje oficial. El cumplimiento del peso no es opcional: determina si el combate se celebra en las condiciones pactadas y si el título en disputa puede cambiarse de manos.
El proceso es sencillo en su mecánica pero exigente en su preparación: el boxeador sube a una báscula calibrada y certificada por la comisión atlética correspondiente. Un representante de la comisión registra el peso y lo certifica oficialmente. Si el peso está dentro del límite de la categoría, el boxeador ha dado el peso. Si lo supera —aunque sea por gramos— debe intentarlo de nuevo dentro del plazo permitido.
La preparación para el pesaje suele implicar una reducción de peso considerable en los días previos al combate. Los boxeadores sudan, reducen la ingesta de líquidos y en algunos casos usan técnicas de deshidratación para llegar al límite. Tras el pesaje, la rehidratación rápida hasta el día del combate es práctica habitual, lo que significa que muchos boxeadores compiten con un peso real notablemente superior al de su categoría.
El pesaje como estrategia
Algunos boxeadores usan el pesaje como herramienta psicológica: presentarse en perfecta forma física, mostrar musculatura y confianza ante el rival. La fase de encaramiento fotográfico que sigue al pesaje tiene también un componente de intimidación que los equipos manejan deliberadamente.
Consecuencias del incumplimiento
Las consecuencias de no dar el peso pueden ser graves: descuento de la bolsa económica (entre el 20% y el 30% habitual), pérdida del derecho a ganar el título aunque gane el combate, y en casos de reincidencia, suspensión temporal de la licencia. La comisión atlética tiene la última palabra sobre si el combate se celebra o no cuando un participante no da el peso.