Durante décadas, cuando se hablaba de las grandes potencias del turf mundial, los nombres que surgían eran los de siempre: Gran Bretaña, Irlanda, Francia, Estados Unidos. El resto del mundo era periferia. Hoy, esa imagen ha cambiado radicalmente. Asia —con Japón a la cabeza, seguido de Dubái, Hong Kong y un mercado chino en expansión— es el mayor mercado económico de carreras de caballos del planeta, y sus caballos ya no solo ganan en casa: triunfan también en Europa y América.
Japón: el gigante silencioso
La historia de las carreras en Japón tiene sus raíces en el período Meiji (1868-1912), cuando la modernización del país incluyó la adopción de costumbres occidentales, entre ellas el deporte hípico. Los primeros hipódromos japoneses se construyeron en Yokohama a finales del siglo XIX, siguiendo el modelo británico, con la participación activa de residentes extranjeros que querían mantener sus aficiones europeas.
La consolidación institucional llegó en 1954 con la creación de la Japan Racing Association (JRA), el organismo que hoy gestiona los 10 principales hipódromos del país, incluyendo Tokyo, Nakayama, Hanshin y Kyoto. Paralelamente existen las NAR (National Association of Racing), que gestiona las carreras de caballos locales y de trote.
Lo que hace excepcional a Japón en el contexto global es el volumen de su mercado de apuestas. Con más de 25.000 millones de dólares apostados anualmente, es con diferencia el mayor mercado del mundo, muy por encima de Hong Kong (segundo) o el Reino Unido (tercero). Esta avalancha de dinero ha generado premios extraordinarios y ha financiado una infraestructura de primera clase.
El Japan Cup y la apertura al mundo
En 1981, la JRA dio un paso fundamental con la creación del Japan Cup, una carrera de Grupo 1 internacional sobre 2.400 metros en hierba en el hipódromo de Tokyo, abierta a los mejores caballos del mundo. La iniciativa era ambiciosa y necesaria: los caballos japoneses de la época eran claramente inferiores a los europeos, y la JRA buscaba importar competencia y aprendizaje.
Durante los primeros años, los caballos extranjeros dominaron la prueba con una regularidad que llegó a resultar embarazosa para la industria local. Sin embargo, esto tuvo un efecto positivo: los criadores y entrenadores japoneses aprendieron, invirtieron en importar mejores sementales y aplicaron métodos de entrenamiento más sofisticados.
El punto de inflexión llegó en los años 90. Caballos como Narita Brian (Triple Corona japonesa, 1994) o Special Week comenzaron a demostrar que el Thoroughbred japonés podía competir con cualquiera. La curva de mejora fue empinada y constante.
En la actualidad, los caballos japoneses no solo dominan el Japan Cup: ganan regularmente en Europa. Almond Eye (2018), Contrail y Equinox han confirmado que Japón es hoy una potencia de primer orden. El Japan Cup ofrece premios de 5 millones de dólares y atrae regularmente a los mejores caballos europeos, que cruzan el planeta para medirse con una competencia de altísimo nivel.
Dubai y el dinero del desierto
Si Japón representa el músculo económico asiático construido durante décadas, Dubái representa algo diferente: la apuesta por la grandeza inmediata gracias a recursos sin límite aparente. La historia de las carreras en Dubái es inseparable de la figura del Jeque Mohammed bin Rashid Al Maktoum, gobernante de Dubái y el mayor mecenas del deporte hípico contemporáneo.
El Jeque Mohammed fundó en 1992 Godolphin, la operación ecuestre más grande del mundo, con cuadras en Dubái, Gran Bretaña, Irlanda, Francia, Estados Unidos y Australia. El objetivo era explícito: competir con los mejores y ganar las mejores carreras del mundo. Godolphin ha cumplido ese objetivo con creces, acumulando victorias en todas las grandes clásicas internacionales.
En 1996 se creó el Dubai World Cup, concebido desde el primer momento como la carrera más rica del mundo. El evento se celebra cada mes de marzo en la Dubai International Racing Carnival, una serie de reuniones que culminan con la gran jornada del World Cup Day. El hipódromo de Meydan, inaugurado en 2010 en sustitución del antiguo Nad Al Sheba, es una obra de ingeniería monumental: pista de 2.400 metros sobre superficie all-weather con capacidad para 60.000 espectadores y tecnología de vanguardia en todos sus sistemas.
El premio total del Dubai World Cup es de 12 millones de dólares, convirtiendo a la prueba principal en la carrera individual más dotada económicamente del mundo. Esta cifra atrae a los mejores caballos del planeta y ha convertido la jornada del World Cup en uno de los grandes eventos del calendario hípico internacional.
Más allá de la carrera principal, el World Cup Day incluye otras pruebas de Grupo 1 que completan un programa extraordinario: el Dubai Turf, la Dubai Golden Shaheen (sprint sobre dirt), la Dubai Sheema Classic y la UAE Derby.
Hong Kong: compacto y de élite
El hipódromo de Sha Tin, en Hong Kong, es quizás el ejemplo más extremo de lo que la eficiencia asiática puede conseguir en el turf. En un territorio de 1.100 km², Hong Kong alberga dos hipódromos —Sha Tin y Happy Valley— y genera el segundo mayor volumen de apuestas del mundo, solo por detrás de Japón.
La joya del calendario hípico de Hong Kong es la Hong Kong International Races, disputada cada diciembre. En una sola jornada se celebran cuatro pruebas de Grupo 1: la Hong Kong Cup (2.000 metros, para los mejores caballos de distancia media), la Hong Kong Mile (la prueba más atractiva para caballos de primer nivel), la Hong Kong Sprint (1.200 metros, para los velocistas) y la Hong Kong Vase (2.400 metros, para los de resistencia).
La peculiaridad de las carreras en Hong Kong es que todos los caballos son importados: Hong Kong no tiene tradición de cría propia, y todos los participantes provienen de otros países, principalmente Australia, Europa, Japón y Sudamérica. Este modelo ha convertido al hipódromo de Sha Tin en un campo de batalla verdaderamente internacional donde se miden las mejores carreras de diferentes escuelas.
El Longines Hong Kong Mile ha atraído a caballos como Able Friend, Beauty Generation y Golden Sixty, caballos locales que han demostrado que, aunque sin tradición criadora propia, Hong Kong puede producir (vía importación y entrenamiento local) caballos de altísimo nivel.
El futuro asiático de las carreras
China continental representa el siguiente gran mercado por abrir. El gobierno chino ha regulado estrictamente las apuestas, pero hay circuitos especiales en zonas como Hainan o Chengdu donde las carreras se desarrollan con un enfoque comercial y turístico. El potencial del mercado chino, con su masa de población y su creciente clase media, es inmenso.
Corea del Sur, Singapur y Malasia completan el panorama asiático con mercados consolidados y estructuras institucionales sólidas. Seúl Racecourse Park es uno de los hipódromos con mayor asistencia del mundo. El turf asiático, en definitiva, ha pasado de ser una curiosidad periférica a ser el motor económico de la industria hípica global.