Dimensiones del circuito
El reglamento UCI establece que un circuito de ciclocross debe medir entre 2,5 y 3,5 kilómetros por vuelta. Esta longitud garantiza que los espectadores puedan ver pasar a los corredores varias veces sin desplazarse demasiado y que la carrera tenga una dinámica de duración razonable. En categorías inferiores como júnior o máster, el circuito puede ser algo más corto o los corredores disputarán menos vueltas.
Tipo de superficies
El circuito debe combinar distintas superficies naturales. El barro es el más icónico del ciclocross, especialmente en las pruebas belgas de invierno. La hierba, la arena, la tierra compacta y los adoquines también aparecen con frecuencia. El asfalto o pavimento duro no puede superar el 33% del recorrido total: el circuito debe ser predominantemente de terreno natural.
Obstáculos obligatorios
La UCI exige que el circuito incluya al menos una sección de obstáculos que obligue a los corredores a desmontar la bicicleta. Las barreras de madera son los obstáculos más habituales: dos tablones paralelos de entre 40 y 60 centímetros de altura, separados entre sí, que el corredor debe superar desmontando, pasando la bicicleta al hombro y remontando. También son frecuentes las escaleras, los muros de tierra y las cuestas muy empinadas.
Pendientes y desnivel
El reglamento prohíbe pendientes superiores al 20% en los tramos que se deben recorrer sobre la bicicleta. Sin embargo, los organizadores suelen incluir alguna subida muy pronunciada que obliga al desmonte aunque no haya barrera. Los descensos técnicos con barro son especialmente espectaculares y ponen a prueba el control del ciclista.
Anchura del circuito y seguridad
El circuito debe tener una anchura mínima de tres metros en los tramos rectos y de al menos cuatro metros en las zonas de salida. Las zonas de pit y las curvas deben estar bien delimitadas con cinta o vallas para garantizar la seguridad de los corredores y del público.