En una mina de hierro a cielo abierto en los Alpes de Estiria, Austria, se disputa cada primavera la carrera de motos más brutal del planeta. El Erzbergrodeo lleva el sobrenombre de «Hades de hierro» —en referencia a la roca gris oxidada de la mina de Erzberg— y ningún apelativo le hace mejor justicia: es una competición donde completar el recorrido es un logro que consiguen apenas una o dos docenas de pilotos de los más de 500 que toman la salida.
La prueba se disputa en los escalones de la mina de Erzberg, una montaña industrial que fue vaciada durante siglos de explotación minera dejando una sucesión de terrazas de roca viva con inclinaciones extremas. Los organizadores diseñan cada año un recorrido que explota al máximo las características del terreno: pendientes de roca lisa, secciones de barro denso, pasos entre bloques de piedra y bajadas en las que la moto debe equilibrarse al límite. El tiempo límite es estricto: los pilotos que no alcanzan cada punto de paso en el tiempo marcado son eliminados, lo que genera una carrera contra el reloj tan brutal como la del terreno.
El Erzbergrodeo es también un espectáculo. Miles de aficionados se congregan en las laderas de la mina para ver a los pilotos luchar contra los obstáculos, y la prueba es retransmitida en directo a todo el mundo. Desde su primera edición en 1995, ha crecido hasta convertirse en uno de los eventos de motociclismo con mayor proyección mediática global, superando en muchos aspectos de audiencia digital a competiciones más tradicionales. Ganar el Erzbergrodeo es el mayor título que un piloto de Hard Enduro puede aspirar a conseguir en su carrera.