España se incorporó al mundo del enduro de competición en las décadas de 1960 y 1970, cuando el deporte comenzaba a organizarse a nivel europeo. Los primeros campeonatos nacionales dieron una estructura al enduro español y permitieron que aficionados y semiprofesionales compitieran en un marco reglado. Con el tiempo, el Campeonato de España de Enduro (CESA) se convirtió en uno de los más competitivos de Europa, cantera de talentos que después brillarían en el ámbito internacional.
La proyección internacional del enduro español alcanzó su cima con Iván Cervantes, piloto valenciano que entre 2009 y 2013 se proclamó cuatro veces campeón del mundo de EnduroGP en la categoría E2. Sus títulos colocaron a España en el mapa del enduro mundial y abrieron el camino a una nueva generación de pilotos que miraron al Campeonato del Mundo como un objetivo alcanzable. La participación española en el ISDE también fue destacada durante esas décadas, con el equipo nacional logrando varios podios en el Trofeo de Naciones.
En el terreno del extreme enduro, el piloto madrileño Mario Román se convirtió en la bandera del Hard Enduro español desde finales de la década de 2010. Sus victorias en el Red Bull Romaniacs y su presencia constante en los podios del calendario mundial de Hard Enduro le valieron el reconocimiento internacional. El enduro español vive hoy un momento de gran vitalidad: el campeonato nacional atrae a centenares de participantes en cada prueba, hay pilotos jóvenes compitiendo con éxito en el ámbito europeo, y el extreme enduro ha ganado una importante base de aficionados gracias a la visibilidad que ofrecen las redes sociales y las plataformas digitales.