Si el footvolley tiene un padre, ese es Betinho. Octavio de Moraes, un carioca apasionado por el fútbol y las playas de Río de Janeiro, fue el hombre que convirtió un juego informal en un deporte organizado, el que estableció las primeras reglas coherentes y el que dedicó décadas de su vida a promover y defender el footvolley cuando todavía era una disciplina completamente desconocida fuera de las playas de Copacabana.
Los primeros años en Copacabana
Betinho era ya un frecuentador habitual de las playas de Copacabana cuando el footvolley nació en 1965. Como muchos de sus compañeros de generación, Betinho era un apasionado del fútbol que practicaba el deporte en la arena siempre que podía. Cuando la prohibición municipal cerró esa puerta, Betinho fue de los primeros en adoptar el nuevo juego de la red y los pies.
Su nivel técnico era alto desde el principio: con una formación futbolística sólida y un control del balón con los pies excepcional, Betinho se convirtió rápidamente en uno de los mejores jugadores de la incipiente comunidad footvolleyera de Copacabana.
Pero su mayor contribución no fue en la cancha sino fuera de ella. Betinho tenía una capacidad organizativa y una visión estratégica que sus compañeros no poseían. Mientras los demás disfrutaban del juego por el juego, Betinho pensaba en cómo estructurarlo, cómo crear torneos, cómo establecer reglas comunes, cómo convertir aquella actividad informal en algo que pudiera crecer.
La creación de la estructura institucional
A finales de los años 60 y durante los 70, Betinho fue el principal impulsor de la Confederação Brasileira de Futevôlei (CBFv). La fundación de esta institución, en 1965, fue el primer paso formal hacia la consolidación del footvolley como deporte organizado.
La confederación estableció el primer reglamento oficial del deporte: las dimensiones de la cancha, la altura de la red, el número de toques permitidos, el sistema de puntuación. Hasta entonces, cada grupo de jugadores establecía sus propias normas, lo que hacía imposible una competición organizada entre grupos de diferentes playas.
Betinho también organizó los primeros torneos formales de footvolley en Copacabana. Estos torneos, que empezaron siendo encuentros modestos entre grupos de la playa, fueron creciendo en participantes, en nivel y en público espectador, consolidando la imagen del footvolley como deporte de alta exigencia técnica.
El legado de Betinho
El legado de Betinho en el footvolley es difícil de exagerar. Sin su trabajo, el footvolley podría haber seguido siendo simplemente un juego informal de playa, sin reglas comunes, sin torneos, sin estructura. Betinho fue quien transformó ese potencial en realidad.
Décadas después de los primeros torneos que organizó en Copacabana, el footvolley es un deporte practicado en más de 50 países, con una Copa del Mundo, circuitos profesionales y millones de aficionados. Todo ese edificio tiene sus cimientos en el trabajo paciente y apasionado de un carioca que amaba el fútbol, amaba la playa y amaba la idea de que los dos podían convivir en una red de por medio.
El nombre de Betinho es sinónimo de footvolley en Brasil, y su memoria es celebrada cada vez que se juega un punto en la arena de Copacabana.