En la hípica, los caballos no son solo herramientas: son protagonistas. Los más grandes han dejado una huella tan profunda en el deporte como los mejores jinetes, y sus nombres se pronuncian con el mismo respeto en los círculos ecuestres. Estas son las historias de algunos de los caballos más legendarios de la historia de la hípica.
Valegro: el récord que parecía inalcanzable
Nacido en 2002 en los Países Bajos, Valegro —un castrado KWPN de color castaño— es el caballo de doma clásica más laureado de la historia. Montado por la británica Charlotte Dujardin y entrenado por Carl Hester, batió el récord mundial de puntuación en Grand Prix Freestyle en el campeonato europeo de Herning 2013 con un 93,975%, para superarse él mismo en el campeonato del mundo de Lyon 2014 con un asombroso 94,300%.
En los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y Río 2016 ganó el oro individual y el oro por equipos (en ambas ediciones), convirtiéndose en el caballo más medallado de los Juegos en la historia de la doma. Su piaffe de una cadencia perfecta, su passage de una elevación sin esfuerzo aparente y la naturalidad con que ejecutaba los cambios de pie al uno le daban una apariencia de facilidad absoluta que ocultaba años de trabajo progresivo.
Se retiró en diciembre de 2016, en una ceremonia en el Olympia Horse Show de Londres, con el estadio en pie aplaudiéndole. Actualmente vive en el rancho de Carl Hester en el Reino Unido.
Hickstead: el oro de Pekín y una muerte conmovedora
Hickstead (2000-2011) fue un caballo de salto BWP (Belga de Deporte) de color castaño que se convirtió en el compañero indisoluble del jinete canadiense Eric Lamaze. Juntos ganaron el oro olímpico individual en los Juegos de Pekín 2008, uno de los títulos más emotivos de la historia del salto, ya que Lamaze había sido descalificado de los Juegos anteriores por dopaje.
Hickstead era conocido por su precisión técnica, su temperamento competitivo y su capacidad para repetir actuaciones sin faltas en las pruebas más importantes. El 6 de noviembre de 2011, durante el Gran Premio de Verona, el caballo cayó repentinamente en la pista tras completar el recorrido sin faltas. Murió de un fallo cardíaco. Tenía once años. La imagen de Eric Lamaze arrodillado junto a su caballo en la pista de Verona se convirtió en una de las más emotivas de la hípica moderna. Una estatua de Hickstead se inauguró en el hipódromo de Spruce Meadows (Canadá) en su memoria.
Ratina Z: la reina de los años 90
Ratina Z fue una yegua Zangersheide —una raza belga de salto— nacida en 1983 que dominó el salto ecuestre a principios de los años 90. Montada primero por Piet Raymakers y después por Ludger Beerbaum, ganó entre otros títulos el oro olímpico por equipos en Barcelona 1992 y fue considerada una de las mejores yeguas de salto del mundo en su época.
Lo que hacía excepcional a Ratina Z era su mecánica perfecta: recogía las patas con una precisión casi mecánica sobre cualquier tipo de obstáculo y rara vez cometía faltas en los recorridos más exigentes. Se retiró con éxito y produjo descendencia de calidad.
Halla: la yegua que salvó a Winkler
La historia de Halla y Hans Günter Winkler en los Juegos de Estocolmo 1956 es posiblemente el momento más legendario de la hípica olímpica. Winkler sufrió una lesión muscular severa durante el primer recorrido. En el barrage final, apenas podía mantener el brazo lesionado; Halla, de forma casi autónoma, completó el recorrido sin faltas y lo llevó al oro olímpico individual.
La historia ilustra perfectamente la naturaleza de la hípica: hay momentos en que el caballo toma las decisiones correctas cuando el jinete no puede.
Charisma: el pequeño gigante de Mark Todd
Charisma fue un caballo de concurso completo de alzada más bien baja —solo 157 cm— que demostró que en el eventing el tamaño no es lo que cuenta. Montado por el neozelandés Mark Todd, ganó el oro olímpico individual en Los Ángeles 1984 y en Seúl 1988, siendo el único caballo de concurso completo en repetir el oro olímpico individual de forma consecutiva.
Era conocido por su valentía en el cross, su regularidad en la doma y una disposición competitiva que lo hacía aparecer en su mejor versión en las pruebas más importantes.