Los XI Juegos Olímpicos de Invierno de Sapporo marcaron un hito geográfico de primera magnitud: por primera vez en la historia, los Juegos de Invierno abandonaban el continente europeo y el norteamericano para instalarse en Asia. Japón, que ya había organizado los Juegos de Verano de Tokio en 1964, demostraba así su capacidad para acoger con solvencia el evento deportivo invernal más importante del mundo, al tiempo que lo Juegos de Sapporo quedaban marcados por uno de los escándalos más ruidosos del olimpismo moderno.
Sede y contexto histórico
Sapporo, capital de la isla de Hokkaido en el norte de Japón, era la elección perfecta para albergar unos Juegos de Invierno en Asia. Las condiciones climáticas de Hokkaido, con inviernos largos y nevadas abundantes, garantizaban la nieve necesaria para las competiciones al aire libre. La ciudad, además, contaba con infraestructuras modernas y con la experiencia organizativa que Japón había acumulado en la organización de eventos deportivos internacionales.
El Japón de 1972 era el del milagro económico, una sociedad que había pasado en pocos decenios de la devastación de la posguerra a convertirse en la tercera economía del mundo. Los Juegos de Sapporo fueron una celebración de ese éxito, una demostración al mundo de que el país nipón era una potencia no solo económica sino también cultural y deportiva. Las instalaciones construidas para la ocasión —estadios, pistas de esquí, centros de entrenamiento— fueron de una calidad sobresaliente.
El contexto político era el de la Guerra Fría en plena fase de détente, aunque las tensiones entre el bloque soviético y el occidental seguían siendo palpables. La Unión Soviética aspiraba a continuar su dominio en los deportes nórdicos y en el hockey, mientras que las potencias alpinas occidentales buscaban mantener su hegemonía en el esquí.
El escándalo de Karl Schranz
La gran noticia de Sapporo 1972 no fue deportiva sino política y burocrática. Karl Schranz, el legendario esquiador alpino austriaco, considerado durante años el mejor del mundo en su especialidad y uno de los grandes favoritos de los Juegos, fue expulsado de la competición por el COI apenas dos días antes de la ceremonia de apertura.
La decisión, tomada personalmente por el presidente del COI Avery Brundage, se basó en la acusación de que Schranz había violado las normas del amateurismo olímpico al mantener contratos publicitarios con marcas comerciales de material de esquí. Brundage, conocido por su defensa intransigente del ideal amateur, había amenazado con expulsar a varios esquiadores alpinos, y Schranz fue el más famoso de los que finalmente sufrieron la sanción.
La reacción fue inmediata y apasionada. Austria recibió a Schranz como un héroe a su regreso a Viena, con miles de personas en las calles para recibirle. El escándalo puso sobre la mesa la creciente contradicción entre el ideal amateur del olimpismo y la realidad de un deporte profesional que dependía del patrocinio comercial para subsistir. Apenas doce años después, en los Juegos de Los Ángeles 1984, el COI abandonaría definitivamente las normas del amateurismo.
Ard Schenk y el dominio neerlandés
El gran protagonista deportivo de Sapporo 1972 fue el patinador de velocidad neerlandés Ard Schenk, que ganó tres medallas de oro —en los 1.500 metros, los 5.000 metros y los 10.000 metros— con actuaciones que dejaron muy por debajo a sus rivales. Schenk había estado a punto de lograr el cuádruple, pero una caída en los 500 metros impidió que completara la hazaña.
Los Países Bajos, país de larga tradición en el patinaje sobre hielo, encontraron en Schenk a su ídolo deportivo más carismático de la época. Su dominio en las distancias medias y largas confirmaba la superioridad neerlandesa en una disciplina donde la potencia física y la técnica se combinaban con una eficiencia excepcional.
La primera mascota olímpica invernal
Sapporo 1972 fue también el escenario de un debut de tipo diferente: la presentación de la primera mascota oficial de unos Juegos Olímpicos de Invierno. Yukko, un entrañable muñeco de nieve con reminiscencias japonesas, inauguró una tradición que desde entonces ha acompañado a todas las ediciones de los Juegos. Las mascotas olímpicas se convertirían con el tiempo en uno de los elementos más reconocibles de cada edición, combinando la función simbólica con el inevitable aprovechamiento comercial.
Resultados y medallero
La Unión Soviética dominó el medallero general, sumando 8 oros y consolidando su hegemonía en los deportes nórdicos y en el hockey hielo. El equipo soviético de hockey ganó el oro con gran facilidad, confirmando que su supremacía en la disciplina era prácticamente incontestable. Alemania del Este fue segunda en el medallero, reflejando el auge del deporte del bloque comunista impulsado por los programas de selección y entrenamiento estatales.
En patinaje artístico femenino, la soviética Janet Lynn —en realidad americana— fue una de las grandes figuras. La checa Ondrej Nepela ganó el oro masculino. En esquí alpino, a pesar de la ausencia de Schranz, las naciones alpinas mantuvieron su protagonismo.
El legado
Sapporo 1972 abrió los Juegos de Invierno a un nuevo continente y a una nueva cultura deportiva. El éxito organizativo del Japón, la fascinación que los deportes invernales despertaron en el público nipón y la calidad de las instalaciones construidas mostraron que los Juegos de Invierno tenían vocación verdaderamente universal. El escándalo de Schranz, por su parte, anticipó los debates que acompañarían la transición del olimpismo hacia la profesionalización total.