En el universo del longboard existen muchas formas de ser el mejor: el más elegante en el dance, el más preciso en el slalom, el más espectacular en los slides del freeride. Kyle Wester eligió la más directa y la más extrema: ser el más rápido. Y lo consiguió de una forma que dejó al mundo sin aliento: tumbado sobre una tabla, descendiendo por una carretera de montaña a 146,73 kilómetros por hora.
El camino hacia el récord
Kyle Wester no llegó al récord Guinness de velocidad de forma accidental. Su trayectoria en el longboard de velocidad extrema comenzó mucho antes de la tarde de septiembre de 2017 en que su nombre quedó inscrito en los libros de Guinness World Records.
Wester creció en el entorno del longboard norteamericano, donde la cultura del downhill y del speed skating estaba bien establecida desde mediados de los años 2000. Su especialidad siempre fue la velocidad pura: no la carrera convencional de downhill —donde se compite contra otros riders en un formato de eliminación directa— sino los intentos de velocidad máxima absoluta, donde el único rival es el cronómetro.
Esta especialidad le llevó a colaborar con equipos técnicos de material —especialmente en lo relativo a la aerodinámica y la configuración de trucks— y a desarrollar una obsesión por la optimización de cada variable que pudiera afectar a la velocidad máxima: el ángulo de los trucks, la dureza de las ruedas, el peso de la tabla, y sobre todo la posición del cuerpo sobre la tabla.
La posición de luge: el secreto aerodinámico
El elemento más llamativo de los intentos de récord de Wester —y el que más contribuye a sus velocidades extremas— es la posición de luge. En lugar de la postura estándar del rider de downhill (de pie sobre la tabla, con el cuerpo en posición de tucking), Wester se tumba completamente boca arriba sobre la tabla, con los pies apuntando hacia adelante y la cabeza en la parte trasera.
Esta posición tiene consecuencias aerodinámicas dramáticas. El principal freno a la velocidad a partir de 80-100 km/h es la resistencia del aire sobre el cuerpo del rider: a esas velocidades, superar la resistencia aerodinámica consume la mayor parte de la energía gravitacional disponible. La posición de pie de un rider de downhill convencional, incluso en tucking optimizado, presenta un perfil frontal de 0,3-0,4 metros cuadrados. La posición de luge de Wester reduce ese perfil a la décima parte, permitiendo que la gravedad convierta la energía potencial casi íntegramente en velocidad en lugar de gastarla venciendo la resistencia del aire.
La posición de luge tiene también sus peligros específicos: el rider está a apenas 30 centímetros del asfalto y no puede ver bien la carretera a sus pies (literalmente, mira hacia el cielo). Cualquier imperfección del asfalto, cualquier piedra o grieta, podría tener consecuencias catastróficas a 140 km/h. Por eso los intentos de récord exigen que la carretera haya sido inspeccionada previamente centímetro a centímetro.
El intento del récord: 29 de septiembre de 2017
La carretera elegida para el intento estaba en Colorado, en una zona de montaña con las características geométricas necesarias: una pendiente media superior al 15%, un tramo recto de longitud suficiente para que la velocidad se estabilizara en su punto máximo antes de la zona de medición, y una longitud total que permitía la aceleración progresiva desde el punto de salida.
El proceso de preparación incluyó múltiples visitas previas al trazado para memorizarlo, pruebas de material con distintas configuraciones de trucks y ruedas, y sesiones de entrenamiento en condiciones similares para calibrar la progresión de velocidades y los tiempos de aceleración.
El día del récord, el equipo de Wester —técnicos, fotógrafos, personal de seguridad y los observadores de Guinness World Records— completó el protocolo requerido: inspección final del asfalto, colocación de los sistemas de cronometraje electrónico, posicionamiento del equipo de emergencia, y cierre de la carretera en todos sus accesos.
Después de varios intentos previos en las semanas anteriores que habían superado los 130 km/h pero no el récord existente, el intento del 29 de septiembre fue definitivo: 146,73 km/h. El cronómetro lo certificó, los observadores de Guinness lo confirmaron, y el nombre de Kyle Wester quedó inscrito en los libros de récords.
La técnica del tucking convencional
Cuando Wester compite en downhill convencional —en posición de pie, no en luge— su postura de tucking es un ejemplo de optimización aerodinámico para el longboard de alta velocidad.
El tucking estándar del downhill tiene el cuerpo del rider inclinado hacia adelante, con las rodillas flexionadas llevando el pecho cerca de los muslos, los brazos apretados al cuerpo con los codos en ángulo y las manos cerca del pecho, y la cabeza levantada para poder ver el trazado. Esta posición minimiza la altura del cuerpo (que es el principal factor de resistencia aerodinámica) sin sacrificar la visibilidad ni el control de la tabla.
El tucking de los mejores riders de downhill, como Wester, es tan eficiente que llegan a velocidades de 90-100 km/h en competición que serían imposibles con una postura más relajada. La diferencia entre un buen tucking y uno mediocre puede ser de 10-15 km/h a igualdad de pendiente y material, lo que en un formato de carrera eliminatoria puede significar la diferencia entre ganar y quedar fuera en las primeras rondas.
La preparación física del speed extremo
Los intentos de récord de velocidad en longboard no son solo ejercicios de valentía: requieren una preparación física específica. El rider que va a 146 km/h sobre una tabla no está realizando ningún gesto atlético intenso en el momento del descenso —está completamente estático, tumbado sobre la tabla— pero los meses de preparación incluyen trabajo específico de:
Estabilidad del núcleo: mantener la posición de luge de forma rígida sin moverse, durante el tiempo que dura el descenso, requiere una musculatura del core muy desarrollada. Cualquier movimiento involuntario a esas velocidades puede ser suficiente para desestabilizar la tabla.
Preparación mental: la exposición controlada a velocidades progresivamente más altas, el manejo de la ansiedad en el punto de salida, y la capacidad de tomar decisiones instantáneas en caso de que algo no vaya según el plan son habilidades mentales que se desarrollan con el entrenamiento específico.
Conocimiento del material: los riders de speed extremo desarrollan un nivel de conocimiento técnico del material comparable al de los ingenieros de fórmula 1. Wester sabe exactamente qué configuración de trucks, qué dureza de ruedas y qué ajuste de bushings necesita para cada trazado y cada condición de temperatura del asfalto.
Más allá del récord
El récord de 2017 convirtió a Kyle Wester en el rider de longboard más conocido fuera de la comunidad especializada. Su nombre apareció en medios de comunicación generalistas de todo el mundo, en programas de deportes extremos y en plataformas de contenido donde el longboard nunca había tenido visibilidad.
Pero para la comunidad del longboard, Wester es más que un número en los libros de Guinness: es la personificación de lo que puede lograr la obsesión por la optimización técnica cuando se aplica a un deporte que todavía tiene mucho margen de exploración en sus límites absolutos.
El récord de 146,73 km/h no es el límite de lo que una persona puede alcanzar sobre un longboard: es el límite de lo que alguien ha conseguido demostrar con la tecnología disponible y el protocolo de homologación requerido. Para Wester y para los riders que aspiran a superar su marca, ese número es un punto de partida, no un punto de llegada.