En el sureste de Central Park, sobre una roca de granito, hay una estatua de bronce que recibe cada año las caricias de cientos de miles de visitantes. Las orejas, el hocico y el lomo de la figura brillan con el pulimento que dan las manos de quienes la tocan. Es Balto, el perro que en febrero de 1925 ayudó a salvar una ciudad, y que desde diciembre de ese mismo año vigila desde su pedestal el paso de los neoyorquinos.
La estatua: un monumento rápido como el relevo
La velocidad con la que se levantó la estatua de Balto dice mucho de la dimensión que el Serum Run alcanzó en la imaginación colectiva americana. El relevo terminó el 2 de febrero de 1925. La estatua fue inaugurada el 17 de diciembre del mismo año: apenas diez meses después. En ese tiempo, Balto se había convertido en una celebridad nacional: había hecho una gira por Los Ángeles, había sido recibido en actos públicos y su imagen había aparecido en periódicos de todo el país.
Frederick Roth, el escultor elegido para crear la estatua, ya había trabajado antes con perros como sujeto artístico y sabía capturar el movimiento y la energía animal en el bronce. El resultado fue una figura que muestra a Balto en pose erguida, mirando hacia adelante con una expresión de determinación y alerta que evoca perfectamente al animal líder que guió a su equipo en la oscuridad de la ventisca.
La inscripción en la base reconoce no solo a Balto sino al «espíritu indomable de los perros de trineo» en general, lo cual es justo: el Serum Run fue la obra de veinte equipos, no de uno solo.
La controversia: Togo, el perro olvidado
La fama de Balto siempre ha tenido una sombra: la de Togo, el perro líder del musher Leonhard Seppala, que cubrió el tramo más largo, más difícil y más peligroso de todo el Serum Run. Mientras Kaasen y Balto cubrieron los últimos 85 km (el tramo más corto de los grandes del relevo), Seppala y Togo recorrieron más de 200 km en las peores condiciones de la carrera, incluyendo el cruce nocturno de la bahía de Norton Sound sobre hielo que podía romperse en cualquier momento.
Leonhard Seppala nunca ocultó su sentimiento de que el reconocimiento dado a Balto fue desproporcionado. Seppala admitía que Kaasen era un buen musher y Balto un buen perro, pero señalaba que el tramo de Kaasen fue el más corto de los tramos largos del relevo y que Togo había hecho el trabajo más duro. La historia le ha dado la razón: décadas después, la comunidad del mushing considera a Togo el héroe real del Serum Run, aunque la estatua sea de Balto.
La película: inspiración con libertades
La película de animación «Balto», producida por Universal Pictures y estrenada en 1995, usó el Serum Run como base para una aventura de animación dirigida al público infantil. El resultado fue una historia de animación efectiva pero bastante alejada de los hechos históricos. En la película, Balto es un mestizo de lobo marginado por su origen, Gunnar Kaasen aparece como un joven inexperto, y hay un antagonista canino que no existe en la realidad.
En 2019, Disney+ produjo la película «Togo», con Willem Dafoe interpretando a Leonhard Seppala, que se acerca mucho más a la historia real y rinde el homenaje que el perro olvidado merecía. Aunque menos conocida que la película de animación, «Togo» es considerada por la comunidad del mushing como la versión más fiel del Serum Run. La estatua de Balto sigue en Central Park, brillando bajo las manos de los visitantes que pasan sin saber que el héroe del pedestal comparte el honor con un perro que nunca tuvo estatua.