En el panteón de los récords del mushing, el Serum Run de 1925 ocupa un lugar absolutamente único. No fue una competición deportiva. No había cronómetros ni jueces ni premios. Fue una misión de rescate en condiciones de supervivencia extrema, y los números que dejó son, en muchos sentidos, los más impresionantes de toda la historia del trineo de perros.
Los datos del Serum Run
El recorrido total del Serum Run fue de aproximadamente 1.085 km (674 millas) entre Nenana y Nome, siguiendo el Iditarod Trail y otras rutas establecidas de correo y transporte. Veinte mushers y sus equipos de perros se relevaron a lo largo de este recorrido, cubriendo tramos de longitud variable.
El tramo más corto fue el primero, el de «Wild Bill» Shannon, que cubrió 87 km desde Nenana hasta Tolovana en condiciones de temperaturas de -46 °C. El tramo más largo y peligroso fue el de Leonhard Seppala, que cubrió más de 200 km incluyendo el cruce de la bahía de Norton Sound en condiciones que habrían disuadido a cualquier musher menos experimentado.
El tiempo total del Serum Run fue de 127 horas y 30 minutos: algo menos de seis días para completar los más de 1.000 km. La antitoxina salió de Nenana el 27 de enero de 1925 y llegó a Nome el 2 de febrero. Para poner esta cifra en contexto: el Iditarod moderno (una carrera deportiva con el recorrido casi 50% más largo) se corre en condiciones preparadas y con apoyo logístico, y los mejores tiempos están alrededor de 8 días. El Serum Run cubrió más de 1.000 km en seis días en condiciones de emergencia sin apoyo, sin pistas preparadas y con una ventisca que redujo la visibilidad a cero en los tramos finales.
El frío: el mayor enemigo
Las temperaturas durante el Serum Run de 1925 fueron extraordinariamente bajas incluso para los estándares de Alaska. En los primeros días del relevo, los termómetros marcaban entre -40 y -46 °C. En los tramos finales, con la ventisca añadiendo factor de viento, la temperatura sensible bajó de los -50 °C. En estas condiciones, la exposición de la piel al aire durante más de un minuto podría causar congelación. Los mushers corrían cubiertos con todas las capas posibles, con las manos dentro de manoplas y con las caras parcialmente cubiertas, aunque en los tramos más rápidos el viento generado por el movimiento del trineo añadía una exposición adicional.
Los perros, con su pelaje doble y su adaptación al frío ártico, aguantaron mejor que cualquier humano habría aguantado en esas condiciones. Pero incluso los animales más resistentes estaban operando en los límites de lo que su fisiología podía soportar durante el cruce de la bahía de Norton Sound.
El legado del récord
El Serum Run sigue siendo la referencia del mushing no deportivo. En los debates sobre el bienestar animal en el mushing, es también un recordatorio de lo que los perros de trineo son capaces de hacer por los humanos cuando la situación lo requiere. La carrera que luego sería el Iditarod nació en parte como homenaje a ese esfuerzo colectivo, y cada musher que llega a Nome está, de alguna manera, recordando a los veinte equipos que recorrieron esa misma tierra en el invierno de 1925 para salvar una ciudad.