Hay deportes que nacen de comités, de estudios de mercado y de grandes presupuestos. El padbol no es uno de ellos. El padbol nació de la imaginación y la pasión de un hombre: Gustavo Molinari, un argentino que un día se preguntó qué pasaría si se pusiera a jugar al fútbol dentro de una pista de pádel, y en lugar de quedarse con la pregunta, encontró la respuesta.
El origen de una idea
Molinari era un aficionado apasionado tanto al fútbol como al pádel, dos deportes que en Argentina comparten el podio de los más practicados. La combinación era lógicamente atractiva: el pádel aportaba la pista cerrada con sus rebotes en cristal; el fútbol aportaba el juego con los pies, la habilidad técnica y la pasión que lo impregna todo en Argentina.
Lo que podría haber quedado como una anécdota divertida de una tarde entre amigos se convirtió en el germen de un deporte nuevo. Molinari era consciente de que la idea tenía potencial, y en lugar de dejarlo en una improvisación, trabajó en sistematizarla: definió las reglas, estableció las características del balón, fijó el sistema de puntuación y pensó en cómo llevar el nuevo juego más allá de las pistas de su barrio.
El desarrollo del reglamento
Una de las contribuciones más importantes de Molinari fue la redacción del primer reglamento oficial del padbol. Este documento resolvía las ambigüedades inevitables de todo deporte nuevo: ¿cuántos botes se permiten?, ¿se puede usar la cabeza?, ¿qué pasa si el balón toca la red en el saque?, ¿cómo se organiza el saque?
El reglamento de Molinari tomó decisiones que han resultado muy acertadas con el tiempo: la prohibición absoluta de brazos y manos (que da identidad al deporte), el sistema de puntuación del tenis (familiar para los jugadores de pádel) y la adaptación del balón al tamaño de la pista (clave para la jugabilidad).
Un legado en expansión
Lo que Gustavo Molinari puso en marcha a finales de los años 2000 se ha convertido en un movimiento global que suma decenas de miles de jugadores en tres continentes. La Federación Internacional de Padbol, el World Padbol Tour y los campeonatos mundiales por selecciones son el testimonio de que aquella tarde de experimento futbol-palelista en Buenos Aires no fue una casualidad, sino el inicio de algo nuevo y duradero.
El nombre de Molinari ocupa en el padbol el lugar que Alfonso de Borbón ocupa en el pádel o que James Naismith en el baloncesto: el del visionario que un día inventó algo que cambió la vida deportiva de muchas personas.