El 2 de junio de 1932 es la fecha más sagrada del calendario del bass fishing mundial. Ese día, George Washington Perry, un granjero de 20 años del condado de Telfair, Georgia, lanzó su línea en el lago Montgomery —un lago pequeño y poco conocido del sur de Georgia— y sacó el pez que noventa años después sigue siendo el mayor largemouth bass capturado con caña en la historia documentada del deporte: 10,09 kilogramos (22 libras y 4 onzas).
La captura del siglo
George Perry no era un pescador de competición. Era un granjero joven durante la Gran Depresión, una de las épocas más difíciles de la historia de Estados Unidos. Pescaba para comer, no para competir. El día del récord salió a pescar con su compañero Jack Page en el lago Montgomery, usando una caña de casting básica y un señuelo de tipo Creek Chub Fintail Shiner —un señuelo de madera pintado, de producción industrial, que en la época costaba pocos centavos—.
El lanzado fue rutinario. El bite, no. El bass tomó el señuelo con una ferocidad que dejó claro desde el primer segundo que era un pez excepcional. Perry y Page lo pelearon hasta el barco y lo izaron. La talla era increíble incluso para quienes habían pescado bass toda la vida en aquellos lagos de Georgia.
No queriendo perder tiempo, Perry llevó el pez directamente a la tienda local más próxima donde había una báscula certificada. El pez pesó 22 libras y 4 onzas. El propietario de la tienda lo certificó como testigo. Perry envió el formulario de registro a la Field & Stream, la revista de pesca y caza más popular de Estados Unidos, que organizaba por entonces su propio concurso anual de capturas. El registro fue aceptado y publicado.
Perry y su familia se comieron el pez esa misma noche.
Un récord para la eternidad
Cuando el IGFA (International Game Fish Association) se fundó en 1939 y comenzó a mantener los récords mundiales de pesca de manera oficial, adoptó el registro de Perry como el récord válido de largemouth bass. Desde entonces, el pez de George Perry ha estado en el libro de récords del IGFA durante más de ocho décadas.
Durante todo ese tiempo, el récord ha sido el objetivo más perseguido de toda la pesca deportiva americana. Los embalses de California —donde las condiciones climáticas favorecen el crecimiento de bass de gran talla— han sido el escenario de los intentos más serios. Los embalses del sur de Japón, donde el bass fue introducido en el siglo XX, también han producido ejemplares de talla récord en varias ocasiones.
El intento más cercano al éxito llegó en 2009, cuando el pescador japonés Manabu Kurita capturó un bass de 10,12 kg en el lago Biwa, Japón. Los 30 gramos de diferencia sobre el récord de Perry estaban, sin embargo, dentro del margen de error reglamentario del IGFA: para ser reconocido como nuevo récord, un pez debe superar el anterior en al menos dos onzas (unos 57 gramos). La diferencia de Kurita no alcanzaba ese umbral, y el IGFA reconoció a Kurita como co-titular del récord junto a Perry, en empate técnico.
¿Por qué es tan difícil superarlo?
El largemouth bass de 10 kg es un animal biológicamente excepcional. La especie tiene un crecimiento relativamente lento: en las condiciones normales de los embalses del sur de Estados Unidos, un bass tarda entre diez y quince años en alcanzar los 5-6 kg, y los ejemplares que superan los 8 kg tienen probablemente más de veinte años. Un bass de 10 kg es un individuo de edad avanzada que ha tenido acceso durante toda su vida a alimentación abundante, temperatura idónea y buena genética.
California, con sus embalses artificiales de aguas cálidas y poblaciones de peces foraje abundantes, produce los bass más grandes de la actualidad. El lago Dixon, el lago Casitas y otros embalses del sur de California han dado capturas de más de 9 kg en los últimos años. Pero la combinación de longevidad, condiciones ideales y la suerte de que ese pez específico encuentre un anzuelo en el momento adecuado es tan difícil de replicar que el récord de Perry podría durar otro siglo.
El legado de Perry
George Perry nunca fue famoso en vida por su captura. El récord lo hizo conocido en el mundo del bass fishing, pero Perry siguió siendo un ciudadano ordinario de Georgia que vivió una vida modesta. Falleció en 1974 en un accidente de avión, sin haber visto cómo su captura de 1932 se convertía en el Santo Grial de uno de los deportes más populares de Estados Unidos.
Su récord es hoy más famoso que él mismo. En cualquier tienda de pesca de Estados Unidos, la mención de «22-4» —el peso del bass en libras y onzas— es inmediatamente reconocida. Es el número que todo bassero sueña con superar, el estándar que define la caza de trofeos en la pesca de bass. Y el hecho de que siga en pie, con más de noventa años de antigüedad, le da una dimensión casi mítica en el mundo del deporte.