La historia del teqball es inseparable de la historia de Viktor Huszár. El exfutbolista húngaro no solo tuvo la idea que dio lugar al deporte: ha dedicado los últimos años de su vida a construir la infraestructura institucional, técnica y comercial que ha llevado al teqball desde un prototipo artesanal hasta el reconocimiento del Comité Olímpico Internacional.
Orígenes futbolísticos
Viktor Huszár nació en Hungría en 1985 y creció con el fútbol como pasión principal. Como muchos jóvenes húngaros de su generación, desarrolló su técnica en las canchas del país y llegó a jugar en categorías del fútbol organizado húngaro, aunque sin alcanzar el nivel profesional de primer nivel.
Su experiencia como futbolista fue, sin embargo, el elemento fundamental que hizo posible la invención del teqball. Huszár conocía desde dentro qué habilidades técnicas son las más difíciles de desarrollar en el fútbol, qué tipos de ejercicios son más aburridos para los jugadores y qué aspectos del juego generan más placer. Esa intuición práctica de futbolista fue el punto de partida del diseño del teqball.
La idea que cambió su vida
En 2012, Huszár y su amigo Gábor Borsányi —informático con formación en matemáticas y física— comenzaron a explorar la idea de crear un deporte que combinara la técnica futbolística con la estructura de un juego de mesa. La colaboración fue perfecta: Huszár aportaba el conocimiento futbolístico y la intuición de lo que haría el juego técnicamente rico, mientras Borsányi aportaba la capacidad de análisis matemático para diseñar la curva de la mesa y calcular su efecto sobre el rebote.
Los meses siguientes fueron de experimentación: prototipos de mesa con diferentes curvaturas, prueba de distintas reglas, ajuste del sistema de puntuación, búsqueda del equilibrio entre accesibilidad y profundidad técnica. Cuando el resultado comenzó a satisfacerles, empezaron a invitar a amigos —futbolistas en su mayoría— a probar el juego. La reacción fue invariablemente positiva: el teqball enganchaba desde la primera sesión.
De inventor a presidente de la FITEQ
La visión de Huszár siempre fue mayor que un juego de garaje. Desde muy pronto, trabajó para profesionalizar y estructurar el teqball como deporte internacional. El primer paso fue la creación de la empresa Teqball Hungary, que comenzó a producir y vender mesas de teqball con el diseño oficial. El segundo paso fue la construcción de la estructura federativa.
En 2017, Huszár fundó la Fédération Internationale de Teqball (FITEQ) con sede en Budapest. La elección de Budapest no fue solo por razones prácticas —el deporte había nacido allí— sino también estratégicas: Hungría tiene una tradición de gobernanza deportiva internacional y Budapest es una ciudad con experiencia en albergar grandes eventos deportivos.
Desde el primer día como presidente de la FITEQ, Huszár trabajó con un objetivo claro: lograr el reconocimiento del Comité Olímpico Internacional. Para ello, la FITEQ necesitaba demostrar que el teqball era un deporte con presencia global, gobernanza transparente y capacidad de generar competiciones de alto nivel.
La estrategia de crecimiento global
La estrategia de Huszár para el crecimiento del teqball fue inteligente y multidireccional. Por un lado, apostó por los futbolistas de élite como embajadores: cuando Neymar comenzó a jugar al teqball y a publicar vídeos en sus redes sociales, Huszár entendió que ese tipo de visibilidad era impagable y trabajó activamente para consolidar esa asociación.
Por otro lado, apostó por el acceso: la FITEQ desarrolló mesas de diferentes rangos de precio para que el teqball fuera accesible tanto para clubes de fútbol de primera división como para escuelas y centros deportivos comunitarios. La democratización del acceso era condición necesaria para el crecimiento en países de renta media y baja.
Finalmente, apostó por la legitimidad institucional: cada federación nacional afiliada a la FITEQ era un paso más hacia el reconocimiento del COI, y Huszár dedicó tiempo y recursos a apoyar el desarrollo de las federaciones nacionales en cada continente.
El reconocimiento del COI: el mayor logro
El reconocimiento provisional del Comité Olímpico Internacional obtenido por la FITEQ bajo la presidencia de Huszár es el mayor logro en la historia del teqball. Para Huszár, este reconocimiento no es el destino final sino un paso en el camino hacia los Juegos Olímpicos.
La visión a largo plazo de Huszár para el teqball es clara: un deporte olímpico que combina la universalidad del fútbol con la accesibilidad de los deportes de mesa, capaz de ser jugado en cualquier rincón del mundo con una mesa y un balón.
El legado de un inventor-emprendedor
Viktor Huszár es un tipo raro en el mundo del deporte: alguien que no solo tuvo la idea de un nuevo deporte, sino que tuvo la visión, la energía y las habilidades de gestión para convertirlo en realidad. Su historia es la de un inventor-emprendedor deportivo que ha creado, en poco más de una década, un deporte con presencia global y reconocimiento olímpico.