La historia del teqball es la historia de una idea sencilla que se convirtió, en menos de una década, en un deporte con reconocimiento olímpico y millones de practicantes en todo el mundo. Una mesa, una pelota de fútbol y la imaginación de dos amigos en Budapest fueron el punto de partida de uno de los fenómenos deportivos más llamativos de los últimos años.
El origen: Budapest, 2012
En 2012, el futbolista húngaro Viktor Huszár y el informático Gábor Borsányi se plantearon una pregunta que parece simple: ¿y si se pudiera jugar al fútbol sobre una mesa? La idea no era completamente nueva —existen distintos juegos que mezclan fútbol y mesas— pero Huszár y Borsányi querían algo diferente: un deporte que exigiera la técnica real del fútbol (control de balón, dominio con todas las partes del cuerpo) y que pudiera jugarse en un espacio reducido con reglas inspiradas en el tenis de mesa.
La clave estaba en la mesa. Huszár y Borsányi concluyeron que una mesa plana no funcionaría: los botes serían demasiado predecibles y el juego perdería dinamismo. La solución fue la curva: una superficie con una curvatura precisa que hace que el bote del balón varíe según la zona de impacto. Esta curva transformaba el juego en algo impredecible y exigente, donde leer el rebote y anticiparse eran habilidades tan importantes como la técnica con el balón.
Los primeros prototipos se desarrollaron en Budapest, testando diferentes ángulos de curvatura hasta encontrar el que creaba el juego más interesante. El primer modelo satisfactorio de la mesa de teqball quedó terminado en 2012.
Las primeras reglas y los primeros jugadores
Con la mesa lista, Huszár y Borsányi establecieron las reglas básicas del teqball: sin manos, máximo de tres toques, sin repetir parte del cuerpo en dos toques consecutivos, sistema de sets a 12 puntos. Estas reglas se inspiraban claramente en el tenis de mesa pero adaptadas a las posibilidades técnicas del fútbol.
Los primeros jugadores fueron futbolistas y amigos de Huszár en Budapest, que rápidamente adoptaron el juego como forma de entretenimiento y de entrenamiento complementario. La experiencia fue reveladora: el teqball mejoraba visiblemente la técnica de dominio de balón y la reacción, y al mismo tiempo era enormemente divertido.
La noticia se extendió por los círculos del fútbol húngaro y luego más allá. En un mundo hiperconectado, las imágenes de futbolistas jugando al teqball circularon en redes sociales y llegaron rápidamente a otros países.
La FITEQ: el organismo internacional (2017)
En 2017, apenas cinco años después de la invención del deporte, se fundó la Fédération Internationale de Teqball (FITEQ) en Budapest, con Viktor Huszár como presidente. La FITEQ nació para dar estructura internacional al deporte: establecer las reglas oficiales, organizar competiciones internacionales, homologar el equipamiento y gestionar las federaciones nacionales afiliadas.
La rapidez de la consolidación institucional del teqball fue excepcional. En pocos años, la FITEQ logró afiliar a decenas de federaciones nacionales de todos los continentes y organizar los primeros campeonatos del mundo oficiales. Esta velocidad de crecimiento llamó la atención del Comité Olímpico Internacional.
El reconocimiento del COI y los World Games 2022
El reconocimiento provisional de la FITEQ por el Comité Olímpico Internacional (COI) fue uno de los hitos más importantes de la historia del teqball. Para el COI, el teqball reunía los criterios necesarios: una federación internacional gobernada con transparencia, presencia en múltiples continentes y un deporte con potencial de audiencia y televisión.
La inclusión del teqball en los World Games 2022 en Birmingham (Alabama, EE.UU.) fue el escaparate más importante hasta la fecha. Los World Games reúnen deportes reconocidos por el COI que no están en el programa olímpico, y participar en ellos es uno de los pasos del camino hacia los Juegos Olímpicos.
Neymar, Ronaldinho y el poder del marketing viral
Una parte fundamental del crecimiento del teqball fue el apoyo de futbolistas de primer nivel. Neymar Jr. se convirtió en el mayor promotor del teqball cuando comenzó a jugar con una mesa en los entrenamientos del PSG y compartió imágenes y vídeos en sus redes sociales (con más de 200 millones de seguidores en Instagram).
Ronaldinho, otra leyenda del fútbol brasileño, también fue visto jugando al teqball y contribuyó a dar visibilidad al deporte en el mundo del fútbol de élite. La asociación del teqball con el estilo de juego mágico y técnico de jugadores como Neymar y Ronaldinho fue marketing orgánico de incalculable valor: el teqball se presentaba como el deporte de los futbolistas más habilidosos del planeta, lo que atraía tanto al público futbolero como a quienes buscaban un nuevo desafío deportivo.
Una década de crecimiento
En apenas diez años, el teqball pasó de ser un experimento en Budapest a tener federaciones en más de 100 países, campeonatos mundiales oficiales, reconocimiento del COI y presencia en los World Games. Es uno de los crecimientos más rápidos de un nuevo deporte en la historia reciente, y la base sobre la que se construye la ambición olímpica de sus creadores.