Hay lugares que cuentan una historia en capas: la historia de lo que fueron, la de lo que se convirtieron y la de lo que son hoy. El Camino del Rey, en las gargantas del Chorro (Málaga), es uno de esos lugares. Pasó de ser una obra de ingeniería hidroeléctrica de principios del siglo XX a convertirse en el camino más peligroso del mundo durante décadas, y hoy es la vía ferrata más famosa de España y una de las más visitadas del planeta.
Los orígenes: ingeniería al servicio del agua
El Camino del Rey nació de una necesidad industrial. A finales del siglo XIX, la empresa Sociedad Hidroeléctrica del Chorro construyó dos centrales hidroeléctricas en el espectacular desfiladero del río Guadalhorce, en plena serranía malagueña. Para comunicar las instalaciones y permitir el trabajo de mantenimiento, necesitaba una vía de acceso a lo largo de las paredes verticales del cañón.
Entre 1901 y 1905 se construyó el camino original: una pasarela de madera y hormigón de aproximadamente un metro de ancho, colgada sobre el vacío a decenas de metros sobre el río, con peldaños metálicos en los tramos más verticales y un cable de seguridad a lo largo de todo el recorrido. Su longitud total era de unos tres kilómetros de sección de ferrata por el interior del cañón.
En 1921, durante la inauguración del embalse del Chorro, el rey Alfonso XIII recorrió el camino, lo que le valió el nombre con el que se conoce hoy: el Camino del Rey.
Los años del peligro: décadas de deterioro
Durante décadas, el camino fue utilizado por los trabajadores de las centrales y visitado esporádicamente por montañeros y excursionistas. Pero a medida que el mantenimiento se fue reduciendo, la pasarela original de madera fue deteriorándose hasta quedar en un estado francamente peligroso.
En los años 90 y 2000, el Camino del Rey se había convertido en un reto extremo para los aficionados al riesgo: tablones podridos, tramos completos de pasarela caídos, cables oxidados y secciones en las que los más temerarios avanzaban por los hierros de la estructura sin ningún tipo de protección. Internet hizo el resto: los vídeos del camino deteriorado se viralizaron en los primeros tiempos de YouTube, convirtiéndolo en el “camino más peligroso del mundo” y atrayendo a más buscadores de adrenalina.
Las autoridades locales clausuraron oficialmente el acceso, pero la prohibición era imposible de hacer cumplir de forma efectiva. Entre los años 90 y 2011 se registraron al menos cinco muertes en el camino por caídas. El deterioro continuaba y la situación se volvía insostenible.
La restauración: 9 millones de euros y un nuevo comienzo
En 2011 comenzaron las obras de restauración. El proyecto, financiado principalmente por la Junta de Andalucía y la Diputación de Málaga con una inversión total de aproximadamente 9 millones de euros, fue profundo: se mantuvo el trazado original y el espíritu del camino, pero prácticamente toda la infraestructura se renovó. La pasarela de madera fue sustituida por una estructura metálica con barandillas, los peldaños se rehicieron con materiales duraderos y se instaló todo el equipamiento de ferrata moderno — cables de acero, puntos de anclaje y pasamanos — siguiendo los estándares de seguridad actuales.
El 28 de noviembre de 2015, el Camino del Rey reabrió sus puertas al público. El sistema de acceso establecía algo radical para la mentalidad de entonces: entrada de pago, reserva previa obligatoria y aforo diario limitado.
El éxito desbordante y la gestión del turismo masivo
La reapertura fue un éxito inmediato que superó todas las previsiones. En los primeros meses, las entradas se agotaban en minutos. La prensa internacional se hizo eco y el Camino del Rey se convirtió en destino turístico de primer orden, atrayendo visitantes no solo de toda España sino de toda Europa y de otros continentes.
Hoy recibe entre 200.000 y 300.000 visitantes al año, con picos muy altos en primavera (la mejor temporada por el caudal del río y la vegetación) y otoño. El sistema de reservas limita el acceso a un número determinado de personas por franja horaria, con puntos de entrada en el acceso sur (Ardales) y el acceso norte (El Chorro).
La experiencia: qué se ve y se siente
El Camino del Rey es mucho más que una vía ferrata: es un viaje por uno de los paisajes más espectaculares de Andalucía. El cañón del Guadalhorce tiene paredes verticales de caliza de más de 100 metros, de un color ocre dorado que cambia con la luz del día. El río Guadalhorce discurre en el fondo, a veces manso y a veces impetuoso, con embalses que crean láminas de agua turquesa entre los acantilados.
La sección de ferrata en sí es de dificultad baja-media (equivalente a F-PD en el sistema FEDME), perfectamente accesible para personas sin experiencia previa, aunque los tramos más expuestos con la pasarela sobre el vacío del cañón pueden ser vertiginosos para quienes tienen miedo a las alturas.
La ruta completa, desde el acceso sur hasta la salida norte, tiene unos 7,7 kilómetros y entre tres y cuatro horas de duración. El descenso en autobús o con transporte organizado entre los dos puntos de acceso cierra el recorrido.
El Camino del Rey ha demostrado que la vía ferrata, gestionada correctamente, puede ser una herramienta extraordinaria de turismo de aventura sostenible y de puesta en valor del patrimonio natural y cultural de un territorio.