La historia de la vía ferrata no tiene un solo inventor, una fecha de fundación ni una figura fundacional reconocida como en otros deportes. Es la historia de muchas manos anónimas que instalaron hierro en roca, motivadas por razones muy distintas en momentos muy diferentes: la supervivencia en tiempo de guerra, la pasión por la montaña, el deseo de compartir un paisaje con otros.
Los ingenieros militares de los Dolomitas (1915-1918)
Los primeros constructores de vías ferratas fueron los ingenieros del ejército italiano y austro-húngaro durante la Primera Guerra Mundial. El frente alpino italiano transcurría por los Dolomitas — un mundo de torres calcáreas, paredes verticales y abismos de centenares de metros — y ambos ejércitos necesitaban mover hombres y material por ese terreno imposible.
Los ingenieros militares italianos instalaron miles de metros de cable, escalones de hierro forjado directamente en la roca y escaleras metálicas en las paredes del Lagazuoi, el Averau, la Croda dell’Arghena y muchos otros macizos. No eran escaladores ni deportistas: eran profesionales de la ingeniería que resolvían un problema logístico de vida o muerte. Sin saberlo, estaban inventando la vía ferrata.
Sus homólogos austro-húngaros hicieron lo propio en las posiciones que controlaban, y las rutas de ambos bandos conviven hoy, cien años después, como patrimonio histórico y montañero de los Dolomitas, declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2009.
El Club Alpino Italiano (CAI): los custodios de la tradición
Tras la guerra, las rutas militares quedaron abandonadas y comenzaron a deteriorarse. Fue el Club Alpino Italiano (CAI), fundado en 1863, quien asumió la custodia y el mantenimiento de buena parte de estas rutas históricas. Durante décadas, los voluntarios de las secciones locales del CAI restauraron cables, repusieron escalones y señalizaron las rutas para hacerlas accesibles al montañero recreativo.
Sin este trabajo colectivo y silencioso, la mayoría de las ferratas históricas de los Dolomitas habrían desaparecido. El CAI no es una figura individual, pero su papel institucional en la conservación del patrimonio ferrata italiano no tiene equivalente en ningún otro país.
Los equipadores españoles de los años 90
En España, los pioneros de la ferrata moderna son mayoritariamente desconocidos para el gran público. A mediados de los años 90, un grupo de escaladores y montañeros de Valencia, Murcia y Aragón — muchos de ellos miembros de clubs federados — comenzaron a equipar las primeras rutas deportivas españolas.
Eran personas que habían practicado la ferrata en los Alpes y vieron en las paredes calcáreas de sus regiones el potencial para rutas similares. Con financiación propia o de sus clubes, y en muchos casos con la colaboración de los ayuntamientos locales, instalaron los primeros cables y peldaños en paredes que hasta entonces solo frecuentaban los escaladores.
Las ferratas del entorno de Alicante, las del Segura murciense y las del Prepirineo aragonés (Alquézar, Guara) son el legado directo de esos equipadores anónimos que, a finales del siglo pasado, vieron una pared calcárea y pensaron: aquí puede haber una ferrata.
El equipo del Camino del Rey: ingeniería y montaña
La restauración del Camino del Rey (2011-2015) fue el proyecto de vía ferrata más ambicioso de la historia de España. El equipo que lo ejecutó reunió a ingenieros civiles, técnicos de montaña, especialistas en trabajo en altura y gestores de espacios naturales. El reto era doble: restaurar una infraestructura histórica con valor patrimonial y convertirla en una instalación moderna que cumpliera todos los estándares de seguridad actuales.
El resultado — una ruta de 7,7 kilómetros con pasarelas, secciones de ferrata, miradores y un sistema de gestión de visitantes — es hoy el referente mundial de lo que puede ser una vía ferrata bien gestionada.
La FEDME: la institución que pone estándares
La Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME) ha jugado un papel institucional esencial en el desarrollo de la ferrata española. Sin ser constructora de rutas, ha establecido los criterios técnicos de clasificación, los programas de formación de técnicos y guías, y los protocolos de seguridad que han permitido que la actividad crezca con garantías. Detrás de la FEDME hay también personas concretas — técnicos, montañeros y gestores — que han trabajado para que España tenga uno de los estándares de seguridad en ferrata más desarrollados de Europa.