El bádminton se incorporó al programa olímpico en los Juegos de Barcelona 1992, convirtiéndose en deporte oficial en la ciudad que lo acogió como sede olímpica. Desde entonces, España ha estado representada en prácticamente todas las ediciones de los Juegos en esta disciplina, aunque el salto cualitativo llegó de forma explosiva con la irrupción de Carolina Marín en la élite mundial a partir de 2014. La historia olímpica del bádminton español se divide, de forma natural, en dos etapas claramente diferenciadas: antes y después de Marín.
La etapa preolímpica y los primeros Juegos
El bádminton en España comenzó a organizarse de forma federativa a partir de 1980, con la fundación de la FESBA. Durante los años ochenta y principios de los noventa, el deporte era practicado mayoritariamente en el ámbito del ocio y la recreación, sin una estructura de alto rendimiento desarrollada. La incorporación al programa olímpico en Barcelona 1992 dio al bádminton español un horizonte de trabajo, aunque los resultados tardaron en llegar.
En los sucesivos Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, Sídney 2000, Atenas 2004 y Pekín 2008, los representantes españoles participaron sin llegar a las fases finales. El bádminton olímpico estaba dominado de forma abrumadora por China, Indonesia, Corea del Sur y Malaysia, y la brecha con las potencias asiáticas era enorme. España, como la mayoría de las naciones europeas, aspiraba simplemente a estar presente y a mejorar progresivamente su nivel competitivo. En Londres 2012, el panorama comenzó a cambiar discretamente, pero el gran salto estaba aún por llegar.
El oro de Río 2016: la noche que cambió todo
Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 representaron la irrupción definitiva de España en el olimpismo del bádminton. Carolina Marín llegó a Brasil como campeona del mundo en activo (había ganado los mundiales de 2014 y 2015) y como una de las máximas favoritas al oro en individual femenino. La expectativa era enorme, pero Marín la gestionó con una madurez competitiva inusual para sus 23 años.
El camino hasta la final incluyó victorias sobre rivales de primer nivel, y el partido decisivo la enfrentó a P.V. Sindhu, la gran figura del bádminton indio y una de las mejores jugadoras del mundo. El partido fue trepidante, con Marín imponiendo su estilo agresivo y su potencia física para imponerse en tres sets. La victoria supuso la primera medalla de oro olímpica de la historia del bádminton español y situó a España entre los países con presencia en el podio olímpico de un deporte dominado casi exclusivamente por Asia.
La imagen de Marín celebrando sobre la pista de Riocentro, con la bandera española en la mano, se transmitió en directo por televisión a miles de hogares españoles que aquella noche descubrieron el bádminton. El impacto fue inmediato y duradero.
Tokio 2020: la lesión que truncó el sueño de la defensa
En los Juegos de Tokio 2020 (celebrados en 2021 por la pandemia), España depositó de nuevo todas sus esperanzas en Carolina Marín. La huelguista llegó a Japón como una de las favoritas al podio después de haberse recuperado de la rotura de cruzados de 2019. Su rendimiento en las rondas previas fue de alto nivel, y en semifinales se enfrentó a la china Chen Yufei.
Durante ese partido decisivo, Marín sufrió una nueva rotura del ligamento cruzado anterior, esta vez de la rodilla izquierda. La imagen de la jugadora española llorando en la pista de Musashino Forest Sport Plaza fue uno de los momentos más duros de aquellos Juegos. La lesión le impidió disputar tanto el partido de semifinales como el encuentro por la medalla de bronce. España se quedó sin medalla en Tokio, pero Marín recibió el reconocimiento unánime del mundo del deporte por su valor y su determinación.
El impacto en la popularidad del bádminton en España
El fenómeno Carolina Marín ha tenido consecuencias directas y medibles sobre la práctica del bádminton en España. Las licencias federativas en la FESBA experimentaron un incremento notable a partir de 2014 —año del primer título mundial— y especialmente tras el oro olímpico de 2016. En comunidades como Murcia, Madrid, Andalucía y Cataluña, los clubes de bádminton vieron multiplicarse las solicitudes de inscripción de jóvenes jugadores.
El interés mediático también creció de forma exponencial. Si antes de Marín el bádminton apenas tenía presencia en los medios generalistas españoles, los éxitos de la huelguista convirtieron las retransmisiones de sus partidos en eventos seguidos por audiencias masivas. Cadenas de televisión que nunca habían emitido bádminton incorporaron sus encuentros en sus parrillas de programación, lo que amplió el alcance del deporte a segmentos de la población que nunca habían tenido contacto con él.
París 2024 y el legado olímpico
En los Juegos de París 2024, Carolina Marín volvió a representar a España en individual femenino, completando una presencia olímpica de múltiples ediciones que la consolida como la deportista española de bádminton más relevante de todos los tiempos. Su sola presencia en los Juegos, a sus treinta años y tras dos graves lesiones de rodilla, fue ya en sí misma un símbolo de lo que el deporte puede exigir y ofrecer a quienes lo practican con máxima dedicación.
El legado olímpico del bádminton español es, en gran medida, el legado de Carolina Marín. Un oro olímpico, una generación de practicantes inspirados y una posición de referente europeo son los frutos de una carrera que ha redefinido los límites de lo posible para el bádminton en España.