Si hubiera que elegir un único jugador para explicar qué es el baloncesto 3x3 en su expresión más alta, ese jugador sería Dušan Bulut. Conocido en el circuito como «Liman» —el nombre del barrio de Novi Sad donde creció—, el jugador serbio nacido en 1987 no solo ha sido el mejor del mundo durante más tiempo que nadie: ha sido también el gran embajador de un deporte que ha crecido con él, que ha puesto su cara en los carteles de los torneos más importantes y que debe parte de su reconocimiento global a la calidad y longevidad de su carrera.
Bulut llegó al circuito FIBA cuando el 3x3 empezaba a organizarse como deporte federado, a finales de la primera década del siglo XXI, y desde entonces no ha dejado de ganar. Su palmarés incluye múltiples títulos del FIBA 3x3 World Tour, varias coronas del Campeonato del Mundo con Serbia y el registro de más semanas como número 1 del ranking individual FIBA 3x3 que cualquier otro jugador en la historia del deporte. Lo que hace especial su reinado no es solo su duración —extraordinaria en un deporte tan físicamente exigente— sino la consistencia con la que ha mantenido el nivel: Bulut no ha tenido rachas malas ni años de transición. Año tras año, torneo tras torneo, ha estado entre los mejores del circuito.
El juego de Liman es una masterclass de inteligencia baloncestística aplicada al formato más veloz y comprimido que existe. En el 3x3, cada posesión vale, cada tiro tiene consecuencias directas en el marcador y los errores se pagan al instante. Bulut ha construido su dominio sobre la base de tomar siempre la decisión correcta: cuándo tirar desde el arco de 2 puntos, cuándo penetrar, cuándo dar el balón a un compañero mejor situado. Su tiro exterior —preciso, rápido, ejecutado bajo la presión más intensa— es probablemente el mejor del circuito en términos de eficiencia en los momentos decisivos. En Serbia, Bulut es una figura reconocida más allá del mundo del baloncesto, un símbolo del deporte urbano que el país ha abrazado con orgullo.