El portero es la posición más solitaria del bandy. Mientras sus diez compañeros se mueven constantemente sobre el gran espacio de la pista de hielo, el portero custodia un área relativamente pequeña y carga sobre sus hombros la responsabilidad de ser la última línea de defensa. Cuando todo falla, cuando los defensas son superados y el atacante rival se planta ante la portería, es el portero quien decide si el esfuerzo colectivo del equipo se salva o no. Alexander Shepelev fue durante muchos años ese hombre de las últimas esperanzas para la selección rusa: el portero que parecía imposible de batir y que convirtió la portería rusa en algo muy cercano a una fortaleza inexpugnable.
Las virtudes de un portero excepcional
Lo que distingue a Shepelev de los muchos buenos porteros que ha producido el bandy ruso a lo largo de su historia es una combinación de virtudes técnicas y mentales que rara vez se encuentran juntas en un solo jugador. Técnicamente, Shepelev era un maestro del posicionamiento: siempre en el lugar correcto dentro de su área, siempre con el ángulo optimizado para reducir al máximo el espacio disponible para el atacante. Esta capacidad de posicionamiento es en el bandy aún más importante que en el hockey sobre hielo, porque la portería más grande obliga al portero a tomar decisiones constantes sobre qué parte del arco defender prioritariamente.
Sus reflejos eran extraordinarios, incluso para el nivel de la selección rusa. En el bandy, la pelota puede llegar al portero desde cualquier ángulo de la gran pista, a velocidades que no dan tiempo para pensar. Los mejores porteros no reaccionan a lo que ven; anticipan lo que va a ocurrir basándose en la posición del atacante, el movimiento de sus hombros y las señales sutiles que preceden al disparo. Shepelev tenía esta capacidad de anticipación de forma casi instintiva.
El uso de las manos: su gran diferencia
En el bandy, el portero puede usar las manos dentro del área, y esta característica —que lo diferencia del portero de hockey sobre hielo— fue una de las grandes ventajas de Shepelev. Su habilidad para atrapar la pelota con las manos, especialmente en los disparos de media y alta altura dentro del área, le permitía neutralizar situaciones de peligro que habría sido muy difícil controlar solo con el palo. Esta capacidad de «atrapar» la pelota, de retenerla y controlar la reanudación del juego, le daba una ventaja táctica significativa que los mejores delanteros rivales tenían que tener muy en cuenta al diseñar sus disparos.
El liderazgo desde el arco
Los grandes porteros no son solo los últimos en la cadena defensiva; son también los primeros líderes del equipo desde el punto de vista de la organización del juego. Desde su posición privilegiada, el portero ve todo el campo, puede dar instrucciones a los defensas sobre el posicionamiento y la cobertura, y puede organizar el inicio del juego defensivo con el lanzamiento de la pelota después de una parada. Shepelev fue también en este aspecto un referente: su liderazgo dentro del área era respetado por todos sus compañeros, y sus indicaciones durante el juego ayudaban al equipo a organizarse mejor en las situaciones defensivas de mayor exigencia.
El legado del mejor portero de la historia
Shepelev es el referente con el que se comparan todos los porteros de bandy que vienen después de él. En Rusia, donde el bandy tiene una cultura de excelencia muy desarrollada y los jugadores de élite son tratados con el respeto que se merecen los grandes deportistas, el nombre de Shepelev representa la cima de lo que es posible conseguir como portero en este deporte. Su legado es el de los que no solo ganan títulos sino que cambian el estándar de referencia de su posición, que demuestran que un portero puede ser tan determinante para el resultado de un partido como el mejor delantero. En el bandy ruso, cuando se habla de los grandes, el nombre de Shepelev aparece siempre en los primeros puestos de la lista.