El bobsleigh nació en los Alpes suizos en la segunda mitad del siglo XIX, de la convergencia entre el turismo invernal de la aristocracia y la burguesía europeas y la tradición alpina de descender montañas nevadas en trineo. La localidad de St. Moritz, en el cantón de los Grisones, fue la cuna de este deporte: sus calles empinadas y sus inviernos nevados ofrecían las condiciones perfectas para que los turistas ingleses que comenzaban a llegar empezaran a improvisarcorreras cuesta abajo en trineos.
Las autoridades locales y los hoteleros de St. Moritz pronto vieron que era necesario canalizar esta actividad para evitar accidentes con los lugareños. La solución fue construir pistas específicas para el trineo fuera de las calles del pueblo. La primera pista dedicada al bobsleigh se construyó en St. Moritz en 1902 y fue el modelo que inspiró las instalaciones posteriores. Con un canal de nieve y hielo con curvas diseñadas para controlar la trayectoria de los trineos, esta primera pista estableció los principios básicos que siguen vigentes en las instalaciones modernas.
La popularización del bobsleigh entre la aristocracia y la alta burguesía europea fue rápida. Los trineos evolucionaron de las versiones de madera doméstica hacia diseños más elaborados con patines de metal y mecanismos de dirección. Se formaron clubs, se organizaron competiciones regulares y el deporte adquirió la dimensión social y recreativa que lo caracterizó durante sus primeras décadas. Esta base en el turismo alpino de élite explica por qué el bobsleigh tiene sus principales tradiciones en los países de montaña centroeuropeos —Suiza, Alemania, Austria— que también fueron los primeros en construir pistas artificiales refrigeradas cuando la tecnología lo permitió.