Cuando el Comité Olímpico Internacional organizó los primeros Juegos Olímpicos de Invierno en Chamonix (Francia) en enero de 1924, el bobsleigh ya tenía suficiente historia y tradición en los Alpes europeos para ser incluido en el programa. La prueba de bob de cuatro personas se disputó en la pista de La Plagne, siendo Suiza el primer país en colgarse una medalla de oro olímpica en este deporte.
La inclusión del bobsleigh en los primeros Juegos de Invierno fue un reconocimiento de la popularidad que el deporte había ganado en los países alpinos durante las décadas anteriores. La pista de Chamonix era rudimentaria en comparación con las instalaciones modernas —básicamente un canal de nieve compactada con curvas naturales— pero la competición fue intensa y marcó el inicio de una rivalidad olímpica entre las naciones alpinas que dominaría el bobsleigh durante las décadas siguientes.
A lo largo del siglo XX, el bobsleigh fue añadiendo modalidades al programa olímpico. El bob de dos personas masculino se incorporó en 1932 en los Juegos de Lake Placid. El bob femenino de dos personas llegó en Salt Lake City 2002, tras décadas de campaña por parte de los movimientos de igualdad en el deporte olímpico. Y el monobob femenino hizo su debut olímpico en Pekín 2022, completando el programa actual de tres modalidades. Esta evolución refleja tanto el crecimiento técnico del deporte como los cambios sociales que han ido transformando el programa olímpico a lo largo de su historia centenaria.