Cuando en 2004 Filip Eyckmans presentó el bossaball en España, pocos habrían apostado que ese deporte llegaría a jugarse en más de cincuenta países en menos de veinte años. Sin el respaldo de ningún comité olímpico, sin una federación internacional con recursos y sin el sistema de difusión que tienen los grandes deportes globales, el bossaball consiguió lo que muy pocos deportes nacidos en el siglo XXI han logrado: presencia real en todos los continentes.
El hito de los cincuenta países
Cruzar la barrera de los cincuenta países es un logro que muy pocos deportes alternativos han alcanzado. Para ponerlo en perspectiva: muchos deportes con décadas más de historia, reconocimiento olímpico y federaciones internacionales consolidadas no han llegado a esa cifra. El bossaball lo consiguió a través de una estrategia comercial y de entretenimiento que sustituyó el apoyo institucional por la espectacularidad del producto.
Los cincuenta países no son solo una cifra: representan comunidades de practicantes, organizadores y aficionados en lugares tan distintos como Arabia Saudita, Japón, Sudáfrica, Brasil, Estados Unidos y los Países Bajos. Cada uno de esos países llegó al bossaball por su propio camino, pero todos comparten la misma experiencia de haber visto la cancha hinchable por primera vez y haberse preguntado qué era eso.
El mapa continental
La distribución geográfica del bossaball abarca los cinco continentes habitados:
Europa es el continente con mayor número de países activos, liderado por España, los Países Bajos, Bélgica, Alemania y Portugal, con presencia también en países del este de Europa.
América tiene en Brasil y Argentina los principales mercados, con presencia también en América Central y Estados Unidos.
Asia tiene su núcleo en Arabia Saudita, Japón y algunos países del sudeste asiático que han organizado eventos en los últimos años.
África cuenta con Sudáfrica como principal mercado, junto a varios países del África occidental.
Oceanía ha visto eventos de bossaball principalmente en Australia, donde el deporte ha encontrado un nicho en el mercado de deportes de playa y entretenimiento al aire libre.
Por qué este récord importa
En el contexto de un deporte sin estructura olímpica, la presencia en más de cincuenta países es una prueba de viabilidad que va más allá de lo deportivo. Demuestra que el modelo de negocio de Bossaball International es exportable a mercados muy distintos, que el producto tiene atractivo universal independientemente de la cultura local, y que el concepto del sport-entertainment puede sostenerse durante más de dos décadas sin el apoyo de las grandes instituciones deportivas internacionales.
Es, en el sentido más literal, un récord sin precedentes en la historia del deporte alternativo moderno.