Hay boxeadores que ganan y boxeadores que dominan. Julio César Chávez perteneció a la segunda categoría durante más de una década, construyendo una racha de victorias que sigue siendo una de las más impresionantes de la historia del boxeo profesional, no solo por su extensión sino por la calidad de los rivales a los que derrotó en el camino.
Los 87 combates sin derrota
Entre su debut profesional en 1980 y el empate polémico de 1993 contra Pernell Whitaker, Chávez ganó 87 combates consecutivos frente a rivales de primer nivel internacional. Esta racha no fue construida contra oponentes débiles elegidos para proteger el récord, sino contra los mejores boxeadores del mundo en las categorías de superpluma, ligero y superligero.
Entre sus víctimas destacan nombres como Héctor Camacho, Roger Mayweather (tío de Floyd), Meldrick Taylor y Pernell Whitaker, todos ellos campeones o excampeones del mundo con trayectorias impresionantes. La calidad de los rivales derrotados es lo que distingue la racha de Chávez de otras rachas longevas del boxeo amateur o de niveles inferiores.
El combate contra Meldrick Taylor: 2 segundos de diferencia
Uno de los episodios más legendarios de la racha de Chávez fue su pelea contra el estadounidense Meldrick Taylor en 1990 por el título del CMB en la categoría superligero. Taylor ganaba ampliamente en los cartones de los jueces y solo necesitaba sobrevivir los últimos segundos para ganar el título.
Pero Chávez, fiel a su estilo de no rendirse nunca, siguió presionando y derribó a Taylor a falta de dos segundos del final del combate. El árbitro Richard Steele detuvo la pelea para proteger a Taylor, que no podía continuar, dándole la victoria a Chávez por KO técnico en el mismo instante en que sonaba la campana del combate. Fue uno de los finales más dramáticos de la historia del boxeo y uno de los momentos que mejor resumen el carácter de hierro del «César del Boxeo».
El estilo Chávez
Julio César Chávez no era el boxeador más rápido ni el que golpeaba con más dureza bruta. Su ventaja era la presión constante, la capacidad para absorber golpes sin inmutarse y el cuerpo a cuerpo devastador donde su pegada al cuerpo doblaba a los rivales. Su barbilla de granito le permitía aguantar golpes que habrían enviado al suelo a otros campeones.
Su entrenador, Cristóbal Rosas, construyó un boxeador que mejoraba con los rounds: mientras otros se fatigaban, Chávez encontraba su mejor boxeo en las últimas rondas. Esta capacidad para administrar el esfuerzo y crecer en los momentos de mayor exigencia fue clave en muchas de sus victorias más ajustadas.
El legado del «César del Boxeo»
Con un récord final de 107 victorias (89 de ellas por KO o TKO), 6 derrotas y 2 empates, Chávez es el mejor boxeador mexicano de todos los tiempos según la mayoría de las listas históricas, por delante de grandes como Rubén Olivares, Salvador Sánchez o Canelo Álvarez.
Su impacto en México trasciende el deporte: fue ídolo nacional en una época en la que la televisión convertía sus combates en eventos que paralizaban el país. El Estadio Azteca, lleno hasta las banderas para sus peleas de los años 90, no vio nada igual hasta que Canelo Álvarez repitió esa gesta décadas después.
Para muchos aficionados al boxeo clásico, Julio César Chávez sigue siendo la encarnación perfecta del estilo mexicano: duro, guerrero, incansable y nunca derrotado psicológicamente, incluso cuando los números del marcador no le favorecían.