El camino del breaking desde las fiestas del Bronx hasta el escenario olímpico tardó exactamente medio siglo. Es una de las historias más inusuales del olimpismo moderno: un arte callejero, surgido de la pobreza y la creatividad de los barrios marginales de Nueva York, que terminó siendo reconocido como deporte olímpico. Con todo lo que eso implicó de celebración, debate y controversia.
Los primeros pasos hacia la institucionalización
Durante los años 80 y 90, el breaking vivió en una especie de limbo entre el arte y el deporte. Las competiciones existían —Battle of the Year desde 1990, Red Bull BC One desde 2004— pero sin un organismo internacional unificado que las regulara. Cada evento tenía sus propios criterios de evaluación y sus propias normas.
La World Dance Sport Federation (WDSF), que históricamente regulaba el baile de salón y las danzas latinas, comenzó a interesarse por el breaking a mediados de la segunda década del siglo XXI, en el contexto de la búsqueda del COI de disciplinas más jóvenes y urbanas para atraer nuevas audiencias olímpicas.
El anuncio del COI y el proceso de clasificación
En octubre de 2018, el COI anunció que el breaking sería disciplina olímpica en los Juegos de París 2024, en la misma decisión que también incluía el skateboard, el surf y la escalada deportiva (que ya habían sido programados para Tokio 2020). Era la primera vez que el COI reconocía oficialmente el breaking como deporte olímpico.
La confirmación definitiva llegó en diciembre de 2020. A partir de ese momento, la WDSF estableció un ranking mundial y un sistema de competiciones clasificatorias para determinar los 16 b-boys y 16 b-girls que participarían en los Juegos.
París 2024: el debut olímpico
Los Juegos Olímpicos de París 2024 incluyeron el breaking en el Parque de la Concorde, un escenario urbano y abierto en el centro de la capital francesa. La decisión de ubicar el breaking —junto con el skateboard, el BMX y el baloncesto 3x3— en ese espacio fue deliberada: el COI quería asociar estas disciplinas con la cultura urbana y diferenciarse de los deportes más tradicionales.
La competición se celebró en agosto de 2024 y fue un éxito de audiencia. Las categorías masculina y femenina se disputaron a lo largo de dos días, con el formato de batallas individuales que la WDSF había desarrollado. El ganador masculino fue el canadiense Phil Wizard, y la ganadora femenina fue la japonesa Ami. Los jueces evaluaron el breaking utilizando el sistema de seis categorías desarrollado para los Juegos.
La decisión de excluir el breaking de Los Ángeles 2028
Solo semanas después de la conclusión de París 2024, el COI confirmó que el breaking no formaría parte del programa de los Juegos de Los Ángeles 2028. La decisión fue justificada por la revisión del programa olímpico y la necesidad de dar entrada a otras disciplinas, pero la comunidad del breaking la vivió como una traición.
El debate generado fue intenso: ¿tenía sentido haber desarrollado todo el sistema olímpico —el ranking, los clasificatorios, el reglamento, la formación de jueces— para solo una edición de los Juegos? ¿Habían aceptado los b-boys y b-girls las reglas del olimpismo para ser descartados después?
El legado olímpico
Más allá de la controversia, el paso por los Juegos Olímpicos dejó al breaking con una visibilidad sin precedentes. Millones de personas vieron el breaking por primera vez en televisión, redes sociales y plataformas de streaming durante París 2024. El número de practicantes, academias y competiciones nacionales creció en todo el mundo. Y la conversación sobre qué es el breaking, de dónde viene y qué significa, llegó a audiencias que nunca habían tenido contacto con la cultura del hip-hop. Ese legado es permanente, independientemente de las decisiones futuras del COI.