Las grandes clásicas de las carreras de caballos son el eje alrededor del cual gira el deporte del turf. No son solo pruebas con mucho dinero en juego: son la medida de la excelencia ecuestre, las carreras en las que los criadores sueñan con ver a sus caballos y las que definen la historia del deporte. Cada una tiene su propia historia, su propia leyenda y su propia identidad.
Las cinco clásicas inglesas: el modelo original
El turf inglés del siglo XVIII inventó el concepto de “clásica”: una carrera de prestigio máximo reservada a caballos de tres años, disputada sobre una distancia y en un hipódromo fijos, que se celebra anualmente de forma ininterrumpida. Las cinco clásicas inglesas son el patrón que todo el mundo ha imitado.
El St Leger (1776)
El St Leger es la más antigua de las cinco clásicas. Se disputó por primera vez en 1776 en Cantley Common (Doncaster), por iniciativa del teniente coronel Anthony St Leger, cuyo nombre bautizó la prueba. Desde 1778 se celebra en el Hippódromo de Doncaster, sobre una distancia de 2.920 metros —la más larga de las cinco clásicas inglesas.
El St Leger premia a los caballos de fondo, los que pueden sostener el esfuerzo más allá de los dos kilómetros. Por su distancia y por ser la última de las cinco clásicas en el calendario (septiembre), es la prueba de la Triple Corona inglesa que más caballos fallan: muchos que ganaron las Guineas y el Derby declinan el St Leger por temor a las lesiones o al agotamiento.
El Oaks (1779)
El Oaks se disputó por primera vez en 1779 en el Hipódromo de Epsom, sobre la misma distancia que el Derby (2.415 metros). Pero es exclusivo para potras de tres años. El nombre proviene de Oaks Park, la finca del Conde de Derby donde los organizadores celebraron la primera edición.
El Oaks define a las mejores potras de una generación sobre la distancia clásica. En la historia del turf, las ganadoras del Oaks han sido a menudo potras que después, como yeguas reproductoras, han dado algunos de los mejores pura sangre de la historia.
El Epsom Derby (1780)
El Epsom Derby es la reina de las clásicas inglesas y, para muchos, la carrera más famosa del mundo. Se disputó por primera vez en 1780, un año después del Oaks, sobre los acantilados de Epsom, en Surrey. La primera edición la ganó Diomed, propiedad del Sir Charles Bunbury —el nombre “Derby” viene del Conde de Derby, que cedió su nombre a la prueba tras ganar un sorteo con Bunbury.
La distancia es de 2.415 metros (una milla y media) sobre hierba, con una cuesta pronunciada de bajada a mitad de la prueba y una curva exigente. Es la carrera de caballos de tres años más difícil tácticamente: los caballos sin experiencia en Epsom a menudo se descolocan en la curva de Tattenham Corner.
El Derby de Epsom tiene una dimensión social que ninguna otra carrera iguala en el mundo. Durante el siglo XIX y gran parte del XX, el Derby Day era prácticamente un día festivo en Londres. El escritor Charles Dickens, el pintor Gustave Courbet y el rey Eduardo VII (siendo aún Príncipe de Gales) fueron espectadores entusiastas. En 1913, la sufragista Emily Davison se arrojó ante el caballo del rey Jorge V durante el Derby de Epsom y murió días después, en uno de los momentos más dramáticos de la historia del sufragismo.
Las 2.000 Guineas (1809)
Las 2.000 Guineas se disputaron por primera vez en 1809 en el Rowley Mile de Newmarket. El nombre hace referencia al premio original de 2.000 guineas (la moneda de oro que equivalía a 21 chelines). Es la primera de las cinco clásicas en el calendario de primavera y la que mide la velocidad sobre la milla clásica (1.609 metros).
Al ser la primera clásica de la temporada, las 2.000 Guineas a menudo presenta a caballos que no han corrido mucho en público. Es frecuente que el ganador de las Guineas no sea el mejor en Derby, por la diferencia de distancia (de 1.609 a 2.415 metros), pero los potros que ganan ambas son los grandes candidatos a la Triple Corona.
Las 1.000 Guineas (1814)
Las 1.000 Guineas son el equivalente de las 2.000 Guineas para potras, disputadas sobre la misma distancia (1.609 metros) en el mismo hipódromo (Newmarket), pero cinco días después en el calendario. Su primera edición fue en 1814.
Las ganadoras de las 1.000 Guineas y el Oaks completan la doble clásica de las potras inglesas, el equivalente femenino de la Triple Corona.
El Kentucky Derby (1875): la carrera más emocionante de dos minutos
Al otro lado del Atlántico, la tradición clásica americana tiene su prueba icónica en el Kentucky Derby. La primera edición se celebró el 17 de mayo de 1875 en el hipódromo de Churchill Downs, en Louisville, Kentucky, con la victoria de Aristides sobre una pista de 1,5 millas (luego reducida a las actuales 1.25 millas, 2.012 metros).
El Kentucky Derby se disputa el primer sábado de mayo y es el punto de partida de la Triple Corona americana (junto con la Preakness Stakes y la Belmont Stakes). Es conocido como “the most exciting two minutes in sports” —los dos minutos más emocionantes del deporte— por la intensidad de la prueba.
Churchill Downs es el escenario de una de las tradiciones más vistosas del deporte: la multitud en las gradas lleva sombreros elaborados (especialmente las mujeres), las gardenias adornan a los caballos, y la canción tradicional “My Old Kentucky Home” suena mientras los participantes desfilan antes de la salida. El ganador recibe una guirnalda de rosas rojas, lo que ha dado al Kentucky Derby el apodo de “The Run for the Roses”.
Desde 1875, el Kentucky Derby no ha dejado de celebrarse ningún año, ni durante las dos guerras mundiales. Es el evento deportivo con una tradición ininterrumpida más larga de Estados Unidos.
El Prix de l’Arc de Triomphe (1920): la cita de octubre en Longchamp
Europa tiene su gran cita en el Prix de l’Arc de Triomphe, conocido popularmente como “el Arc”. Se disputó por primera vez el 3 de octubre de 1920 en el hipódromo de Longchamp, en el Bosque de Bolonia de París, y el ganador fue Comrade, montado por Frank Bullock.
El Arc se disputa el primer domingo de octubre, sobre 2.400 metros de hierba en Longchamp, y está abierto a caballos de tres años o más, lo que permite enfrentamientos generacionales fascinantes. A diferencia de las clásicas anglosajonas, el Arc no es una prueba de una sola generación: caballos de cuatro o cinco años con gran experiencia pueden vencer a los mejores tres años de Europa.
El Arc ha conocido vencedores legendarios. Sea Bird II (1965) ganó con una facilidad que dejó a los expertos sin palabras. Mill Reef (1971) ganó con una exhibición de potencia. Alleged (1977 y 1978) fue el último en ganarlo dos veces consecutivas hasta que Enable (2017 y 2018) repitió la hazaña. La yegua japonesa Goldikova nunca ganó el Arc, pero su dominio en el Grupo 1 europeo durante seis años la convirtió en una leyenda de la década de 2000.
La importancia del Arc en el contexto global
En las últimas décadas, el Arc ha sido el destino de algunos de los mejores caballos japoneses (Deep Impact, Orfevre, Cracksman), americanos y australianos que buscan medir sus fuerzas con los campeones europeos. El estado del terreno en octubre en Longchamp —que puede ir de firme a muy pesado según el otoño— es un factor determinante que favorece a unos y perjudica a otros.
El premio total del Arc supera los cinco millones de euros para el ganador, lo que lo convierte en la carrera más rica de Europa y una de las más generosas del mundo.
El legado de las clásicas
Las grandes clásicas no son solo pruebas deportivas: son el sistema de valoración de la cría del pura sangre. Los criadores diseñan sus programas de reproducción pensando en producir un caballo que pueda ganar el Derby, el Arc o el Kentucky Derby. Los precios de los sementales se multiplican cuando ganan una clásica. Los grandes hipódromos de cría —Coolmore en Irlanda, Darley, Juddmonte— construyen sus imperios sobre los ganadores de estas pruebas.
En ese sentido, las clásicas son mucho más que deportes: son el motor económico de toda la industria ecuestre mundial.