Cuando los aficionados al ciclismo en pista ven el Kéirin en los Juegos Olímpicos, están presenciando una versión adaptada de un fenómeno deportivo y cultural completamente singular que solo existe en Japón: un deporte de apuestas legales que genera miles de millones de euros al año, con ciclistas que ganan más que los mejores futbolistas europeos y un nivel de rituales, reglas y cultura propia que no tiene equivalente en ningún otro deporte del mundo.
El nacimiento: la reconstrucción de Japón sobre la bicicleta
El Kéirin japonés nació en 1948, apenas tres años después del fin de la Segunda Guerra Mundial. El Japón de la posguerra era un país destruido material y moralmente, y el gobierno buscaba formas de generar ingresos adicionales para financiar la reconstrucción. La solución que se adoptó fue legalizar las apuestas en determinados deportes, siguiendo el modelo de las carreras de caballos que ya existían en el país.
El Ministerio de Economía, Comercio e Industria (entonces el Ministerio de Comercio e Industria) seleccionó el ciclismo en pista como uno de los deportes autorizados para las apuestas, junto con las carreras de motos, las carreras de lanchas motoras y las carreras de caballos. La primera carrera de Kéirin con apuestas se celebró en Kokura (hoy Kitakyushu) el 20 de noviembre de 1948.
El éxito fue inmediato. Las apuestas en las carreras de Kéirin generaban ingresos considerables desde los primeros años, y el deporte se expandió rápidamente por todo Japón. Hoy en día hay velódromos de Kéirin en todo el archipiélago japonés, con carreras que se celebran prácticamente todos los días del año.
La escala: un fenómeno económico de primer orden
Las cifras del Kéirin japonés son difíciles de creer para alguien acostumbrado a las escalas del ciclismo europeo. El sistema de apuestas del Kéirin japonés genera anualmente varios miles de millones de euros en apuestas, una cifra que coloca a este deporte en la misma liga que las grandes ligas deportivas mundiales.
De estos ingresos, una parte va a los organizadores de las carreras, otra a los ciclistas en forma de premios, otra al Estado en forma de impuestos (que financia obras públicas e infraestructuras deportivas en todo Japón) y otra se reinvierte en el propio sistema del Kéirin (velódromos, formación, administración).
Los premios económicos para los ciclistas son extraordinarios. Los mejores ciclistas de Kéirin japonés ganan varios millones de euros al año, con los más exitosos acumulando fortunas que los convierten en los ciclistas mejor pagados del mundo. Un campeón del circuito japonés de Kéirin gana varias veces más que un ganador del Tour de Francia.
Los ciclistas: aislamiento, rituales y clasificación
El sistema de Kéirin japonés tiene características únicas para garantizar la integridad de las apuestas y evitar el amañamiento de las carreras.
Los ciclistas de Kéirin están organizados en un sistema de licencias con varias categorías (S1, S2, A1, A2, A3, B), que determinan en qué tipo de carreras pueden participar y qué premios pueden ganar. Ascender de categoría requiere buenos resultados y puede llevar años; descender es el castigo por los malos resultados. El sistema es meritocrático y extremadamente competitivo.
Antes de cada jornada de carreras, los ciclistas son sometidos a cuarentena: se les confiscan los teléfonos móviles, no pueden recibir llamadas externas y se les aloja en instalaciones separadas del público. Esto garantiza que no puedan recibir ni transmitir información que pudiese influir en las apuestas. Las penalizaciones por intentar comunicarse con el exterior son muy severas.
Los ciclistas también tienen obligaciones estrictas respecto a su conducta: las apuestas están prohibidas para los propios ciclistas y sus familias cercanas, y cualquier comportamiento que pueda considerarse irregular en pista es investigado con gran rigor.
La formación: la escuela de Kéirin
Para poder competir en el sistema profesional de Kéirin japonés, los ciclistas deben pasar por la Japan Keirin School (JKS), una institución de formación intensiva ubicada en Izu, en la prefectura de Shizuoka. La escuela forma a los futuros ciclistas de Kéirin en un programa de un año que combina entrenamiento físico muy exigente con formación técnica y educación sobre las normas y la cultura del Kéirin.
El acceso a la JKS es muy competitivo: solo se admite a un número limitado de estudiantes al año, seleccionados mediante exámenes físicos y técnicos muy exigentes. La escuela es residencial: los estudiantes viven en el campus durante todo el año de formación.
El Kéirin en los Juegos Olímpicos: una adaptación muy diferente
Cuando la UCI adoptó el Kéirin como prueba de competición internacional en los años 80, tuvo que adaptar el formato japonés al contexto del ciclismo internacional. Las diferencias son significativas: el formato UCI es más corto, el ritmo de la motocicleta es diferente, no hay sistema de apuestas y el aislamiento de los ciclistas es inexistente.
Los ciclistas japoneses de Kéirin han tenido una presencia destacada en las competiciones internacionales de Kéirin, aunque el dominio del circuito japonés no siempre se ha traducido en victorias internacionales, en parte porque las habilidades específicas del Kéirin japonés (adaptado a las apuestas y a un formato particular) no siempre son directamente transferibles al formato UCI.