Si la velocidad máxima de los drones FPV es impresionante, la aceleración es directamente extraordinaria. De todos los atributos físicos de los drones de carreras, la capacidad de pasar de parado a alta velocidad en fracciones de segundo es quizás la más difícil de asimilar para alguien que no ha visto nunca un dron FPV de competición en acción.
Los números de la aceleración
Un dron de carreras FPV de clase 5 pulgadas con batería de 6S y motores de alto rendimiento puede completar el sprint de 0 a 100 km/h en aproximadamente 0,8 a 1,2 segundos. Para poner esto en perspectiva:
- Un Fórmula 1 hace 0-100 km/h en aproximadamente 2,5 segundos.
- Un Tesla Model S Plaid (el coche eléctrico de calle más rápido del mundo) lo hace en 2,1 segundos.
- Un Bugatti Chiron necesita 2,4 segundos.
- El dron FPV lo hace en menos de 1,2 segundos.
La diferencia es la relación potencia/peso. El dron pesa menos de 1 kg y tiene más de 1.000 vatios de potencia disponible. Ningún vehículo de calle o de circuito con ruedas puede aproximarse a esa relación.
La física de la aceleración extrema
La aceleración de un dron no está limitada por la tracción de los neumáticos (porque no hay neumáticos) ni por el peso del piloto (porque el piloto está en tierra). Los únicos límites son:
- La resistencia aerodinámica: a mayor velocidad, el aire frena más el dron. Es el límite que impide la aceleración indefinida.
- La carga de la batería: la batería debe ser capaz de entregar la corriente necesaria para los cuatro motores a plena potencia simultáneamente. Una batería de mala calidad o demasiado fría puede no suministrar suficiente corriente.
- La temperatura de los motores y los ESC: el calor generado por los motores a plena potencia puede ser un factor limitante en carreras largas, aunque en los sprints de 2-4 minutos de competición raramente es el factor determinante.
La experiencia del piloto durante la aceleración
El piloto no experimenta físicamente los g de aceleración del dron (está en tierra), pero sí experimenta la aceleración visual en sus gafas. La imagen que llega desde la cámara del dron cambia de perspectiva de forma violenta durante una aceleración máxima: el horizonte sube, los obstáculos se acercan a velocidades difíciles de procesar, y el piloto debe anticipar lo que va a ver en los próximos 0,5 segundos para reaccionar a tiempo.
Los pilotos de drone racing describen el estado de vuelo intenso como similar a un estado de flujo (flow state): las decisiones se toman de forma cuasi-instintiva, sin procesamiento consciente, con el cerebro operando en un modo de reacción pura que se desarrolla solo después de centenares de horas de práctica.
La frenada: igual de extrema
Si la aceleración del dron es extraordinaria, la capacidad de frenar es igualmente impresionante. En los drones FPV de carreras, frenar significa invertir la potencia: los motores reducen instantáneamente la velocidad de giro o incluso frenan activamente la inercia del dron. El resultado es una capacidad de desaceleración que no existe en ningún vehículo de calle.
Un dron puede pasar de 200 km/h a casi parado en cuestión de metros, lo que es físicamente imposible para cualquier coche o moto de competición con la misma relación velocidad/distancia. Esta capacidad de frenar con la misma intensidad que se acelera es lo que permite los circuitos con portales y curvas cerradas a alta velocidad: el dron puede llegar a máxima velocidad a una curva y ralentizar al mínimo en una distancia que ningún vehículo terrestre podría cubrir.