La esgrima es un deporte de combate con arma que exige al tireur reflejos rápidos, precisión técnica, equilibrio y una condición física que combina potencia explosiva en los ataques con resistencia en los asaltos prolongados. La posición característica —de perfil, con el cuerpo asimétrico y el peso en constante movimiento entre el avance y la retirada— genera patrones de carga muy específicos sobre el sistema musculoesquelético. Las lesiones son, en su mayoría, de origen músculo-esquelético y por sobrecarga, aunque también se producen contusiones por el arma y traumatismos agudos en las caídas. Esta guía tiene carácter informativo; ante cualquier lesión, acude a un profesional de la salud.
Lesiones más frecuentes
Lesiones de rodilla. La rodilla delantera es la articulación más lesionada en esgrima. El fondo —el gesto de ataque en el que el tireur estira la pierna trasera y flexiona profundamente la delantera— somete la rodilla a una carga de impacto y flexión extrema. Las tendinopatías rotulianas, los esguinces del ligamento colateral medial y las lesiones meniscales son las más habituales. En el sable y el florete, la velocidad del fondo es especialmente elevada.
Esguince de tobillo. Los cambios de dirección rápidos en el piste —adelantar, retroceder, balestra— y los fondos repetidos pueden provocar inversiones del tobillo delantero. El ligamento lateral externo es el más afectado. La propiocepción del tobillo y la fuerza de los peroneos son los principales factores protectores.
Lesiones de hombro y codo del brazo armado. Los miles de extensiones del brazo en ataque y las paradas en parada-respuesta sobrecargan el tendón del bíceps, el manguito rotador y los tendones epicondíleos. La epicondilitis lateral y la tendinitis del supraespinoso son frecuentes en tireurs de nivel avanzado con muchas sesiones de asalto semanales.
Distensiones musculares de aductores e isquiotibiales. El fondo exige un estiramiento rápido de los aductores de la pierna delantera y de los isquiotibiales de la trasera. La fatiga muscular o el calentamiento insuficiente pueden provocar desgarros parciales, especialmente en esgrimistas que aumentan bruscamente el volumen de entrenamiento.
Lesiones oculares por impacto. Las caretas homologadas ofrecen una protección muy elevada, pero los impactos de alta energía sobre la careta —especialmente en sable— pueden transmitirse a través de la malla y provocar contusiones en la zona periorbitaria. Las lesiones oculares directas son raras pero posibles en caso de equipamiento defectuoso o careta mal colocada.
Factores de riesgo
La asimetría postural crónica de la posición de esgrima —que carga siempre más la rodilla y la cadera del lado adelantado— es el principal factor de riesgo de lesiones por sobrecarga a largo plazo. El aumento brusco del volumen de fondos al inicio de la temporada o en campos de concentración incrementa la incidencia de tendinopatías y distensiones.
El calzado de esgrima desgastado —sin el acolchado en el talón ni la tracción lateral adecuados— incrementa el impacto en cada fondo y el riesgo de esguince de tobillo. El equipamiento de protección defectuoso o no homologado es el principal factor de riesgo de lesiones por el arma.
Cómo prevenirlas
El calentamiento específico que incluya activación de la musculatura del cuádriceps, los isquiotibiales y los aductores, así como movilidad de tobillo y hombro, debe preceder a toda sesión de asalto. El trabajo de fortalecimiento del cuádriceps y del tendón rotuliano —ejercicios excéntricos, sentadillas búlgaras, step-ups— reduce el riesgo de la tendinopatía más frecuente en esgrima.
La revisión periódica del equipamiento —careta, plastón, chaquetilla y guante— para comprobar que cumple los estándares de homologación es una responsabilidad de seguridad que no debe delegarse. Incluir trabajo de compensación postural —fortalecimiento del lado no dominante, trabajo de movilidad de cadera— reduce los desequilibrios que genera la posición asimétrica crónica.
Recuperación
La tendinopatía rotuliana se aborda con fisioterapia orientada a la carga excéntrica e isométrica del cuádriceps durante ocho a doce semanas, con reducción del volumen de fondos. El esguince de tobillo sigue el protocolo RICE en fase aguda, con un programa de propiocepción antes de retomar el piste. Las distensiones de aductores e isquiotibiales de grado I-II responden a reposo relativo, fisioterapia y reintroducción progresiva del fondo.
Las lesiones de hombro —impingement, tendinitis del bíceps, epicondilitis— mejoran con fisioterapia de fortalecimiento excéntrico, reducción del volumen de asalto y, en casos crónicos, ondas de choque o infiltración. Las lesiones oculares requieren evaluación oftalmológica urgente antes de retomar la actividad. Cualquier lesión que no mejore en el plazo esperado debe ser reevaluada por el médico deportivo para ajustar el diagnóstico y el tratamiento.