El formato de competición en esgrima combina dos fases distintas que evalúan la técnica y la capacidad de adaptación de los tiradores. La primera fase, las poules, enfrenta a todos los participantes en un grupo en combates cortos que sirven para establecer un ranking inicial. La segunda fase es la eliminación directa, donde los tiradores se enfrentan uno contra uno en combates más largos hasta que solo queda el campeón.
Las poules son grupos de cinco a ocho tiradores. Dentro de cada grupo, todos los participantes se enfrentan entre sí en combates que duran hasta 5 toques o 3 minutos (el que se alcance primero). Los resultados se registran y se calculan el porcentaje de victorias y el indicador (diferencia de toques dados y recibidos) para clasificar a los tiradores.
Tras las poules, los clasificados avanzan a la fase de eliminación directa. Aquí, los combates son más largos: 15 toques o tres períodos de tres minutos. La eliminación es inmediata: quien pierde, queda fuera. Esta presión añade un componente psicológico que hace las eliminatorias especialmente intensas y emocionantes.
El descanso entre períodos
En los combates de eliminatoria, hay un minuto de descanso entre cada período de tres minutos. Durante ese tiempo, los tiradores pueden hablar con su entrenador, que les da indicaciones tácticas desde la pista. El entrenador no puede intervenir durante el combate, pero su orientación en los descansos es fundamental en los combates más igualados.
La competición por equipos
Además de la individual, existe la modalidad de competición por equipos. Tres tiradores de cada equipo se enfrentan en un formato relay: los nueve combates se suceden con un marcador acumulativo hasta 45 toques. El equipo que llega primero a 45 (o tiene más toques al final) gana. Esta modalidad añade el componente táctico de elegir el orden de los tiradores.