Pocas décadas en la historia del deporte han visto una explosión de popularidad comparable a la que vivió el esquí acuático entre 1960 y 1980. En apenas veinte años, el deporte pasó de ser una actividad de nicho practicada por familias con acceso a una embarcación a convertirse en uno de los deportes acuáticos más practicados del mundo occidental, con millones de aficionados, clubes en todos los países desarrollados y una industria de equipamiento que movía cientos de millones de dólares al año.
El contexto: prosperidad y acceso al ocio
El motor de la expansión del esquí acuático en los años 60 y 70 fue el mismo que impulsó el crecimiento de muchos deportes de ocio en ese período: la prosperidad económica de la clase media en Europa y Norteamérica tras la Segunda Guerra Mundial. Las familias disponían de más tiempo libre y de ingresos suficientes para comprar o alquilar embarcaciones de motor. Los lagos y ríos del interior, así como las costas, se llenaron de lanchas y esquiadores en verano.
En Estados Unidos, el Sur profundo y los estados de la costa del Pacífico fueron los centros neurálgicos del crecimiento. En Europa, Francia, Italia, Bélgica y España vieron multiplicarse los clubes de esquí acuático. Los Juegos del Mediterráneo incluyeron el esquí acuático como disciplina de demostración, lo que impulsó su práctica en los países ribereños.
La revolución del monoesquí
El avance técnico más importante de los años 60 fue la adopción del monoesquí para el slalom de competición. Hasta entonces, los esquiadores usaban dos esquís incluso en las pruebas de alto nivel. El monoesquí, una sola tabla con dos sujeciones en línea, permitía ángulos de giro mucho más pronunciados y generaba más fuerza lateral en los arcos del slalom.
La transición fue rápida en cuanto los primeros resultados demostraron la superioridad del monoesquí sobre los dos esquís en velocidad y precisión de giro. A finales de los años 60, prácticamente todos los esquiadores de élite en slalom habían adoptado el monoesquí. Esta revolución técnica llevó aparejada una renovación generacional: los esquiadores que dominaban la técnica del monoesquí desplazaron a los veteranos que habían construido su carrera sobre los dos esquís.
Los materiales: del madera a la fibra de vidrio
En paralelo a la revolución del monoesquí, los años 60 vieron la transición de la madera a la fibra de vidrio como material principal de los esquís. Los primeros esquís de fibra de vidrio eran más ligeros, más uniformes en su geometría y, sobre todo, más duraderos que sus equivalentes de madera, que podían deformarse con la humedad o astillarse en los impactos.
Las fábricas especializadas en esquí acuático comenzaron a surgir en Estados Unidos y Europa, desarrollando diseños específicos para cada disciplina. Los esquís de slalom, los de figuras y los de salto pasaron a ser productos técnicamente muy diferenciados, optimizados para las exigencias particulares de cada modalidad.
Los grandes campeones de la era
Los años 60 y 70 produjeron los primeros grandes ídolos del esquí acuático con proyección internacional. Nombres como George Athans (Canadá), múltiple campeón del mundo a finales de los 60, o los estadounidenses que dominaron el slalom masculino durante años, se convirtieron en referencias del deporte.
En la vertiente femenina, las esquiadoras estadounidenses dominaron con autoridad durante toda la era dorada, aunque comenzaron a aparecer rivales europeas de nivel que anunciaban la diversificación geográfica que se produciría en los años 80 con la irrupción de figuras como Patrice Martin en Francia.
La televisión y la visibilidad del deporte
La televisión fue el catalizador de la popularización del esquí acuático en los años 60 y 70. Las retransmisiones de los Campeonatos del Mundo y de los grandes torneos internacionales llegaron a millones de hogares, y las imágenes de esquiadores saltando rampas o ejecutando piruetas a alta velocidad tenían un poder visual inmediato que lo hacía especialmente atractivo para las audiencias televisivas.
Los programas de deporte de los fines de semana en las televisiones europeas y americanas incluían regularmente imágenes de esquí acuático, lo que contribuyó a crear el imaginario romántico del deporte veraniego por excelencia: sol, agua, velocidad y espectáculo.
El inicio del declive relativo
Paradójicamente, fue el propio éxito del esquí acuático lo que comenzó a erosionar su posición dominante en el ocio acuático a partir de los años 80. El windsurf, que surgió con fuerza en los 70, y posteriormente el wakeboard, que se desarrolló en los 80 y 90, atrajeron a buena parte del público joven que en la década anterior habría optado por el esquí acuático. La imagen del esquí acuático como deporte “clásico” frente a la modernidad del windsurf y el wakeboard marcó el inicio de un desplazamiento generacional que cambiaría el panorama del deporte acuático para siempre.