En el verano de 1922, un joven de 18 años llamado Ralph Samuelson vivía en Lake City, una pequeña ciudad de Minnesota a orillas del lago Pepin. El lago, un ensanchamiento natural del río Mississippi en la frontera con Wisconsin, era el lugar de ocio de toda la comunidad. Samuelson pasaba sus veranos en el agua y tenía una idea que le daba vueltas en la cabeza: si era posible esquiar sobre la nieve, ¿por qué no podría alguien esquiar sobre el agua?
Los primeros intentos
El razonamiento de Samuelson era tan sencillo como brillante. Si los esquís de nieve funcionaban porque permitían deslizarse sobre una superficie blanda sin hundirse, algo similar debería funcionar sobre el agua si se usaban tablas lo suficientemente largas y planas. El reto era encontrar la forma de mantenerse en pie mientras un barco tiraba de él a suficiente velocidad para crear la sustentación necesaria.
Sus primeros intentos usaron materiales improvisados: duelas de barril como tablas, tiras de cuero como sujeción y una cuerda de tender la ropa como cuerda de remolque. Los resultados fueron desastrosos: las tablas se hundían, se hundía él, o los dos. El problema era la posición de arranque: Samuelson intentaba ponerse de pie antes de que la lancha generara suficiente velocidad, lo que hacía que los esquís se hundieran en el agua y lo arrastraran hacia adelante.
La solución técnica
Después de varios días de intentos fallidos, Samuelson descubrió el principio técnico fundamental del esquí acuático: hay que apoyarse hacia atrás, dejar que los esquís planen sobre el agua y dejar que el tirón de la lancha te ponga de pie. En lugar de intentar levantarse activamente, el esquiador debe simplemente aguantar la tensión de la cuerda con los brazos mientras flexiona las rodillas y deja que el agua haga el resto.
Con tablas de madera de pino de unos dos metros y medio, curvadas en la punta con agua caliente para que no se hundieran, y remolcado por el barco de motor de su hermano Ben, Ralph Samuelson se puso de pie sobre el agua el 28 de junio de 1922 en el lago Pepin.
El espectáculo del lago Pepin
Una vez dominada la técnica básica, Samuelson comenzó a perfeccionar sus habilidades y a buscar nuevos desafíos. En los años siguientes desarrolló múltiples innovaciones: construyó la primera rampa de salto de esquí acuático (una plataforma de madera engrasada), realizó exhibiciones en diversos lagos y ríos del Midwest americano, y llegó a alcanzar velocidades de más de 130 km/h remolcado por un avión de hidroplano en 1925, lo que lo convierte en el primer esquiador acuático en alcanzar esa velocidad.
Las exhibiciones de Samuelson en el lago Pepin y en otros lugares de Minnesota y Wisconsin fueron seguidas por cientos de espectadores que nunca habían visto nada igual. Para una época sin televisión ni internet, ver a un joven deslizarse sobre el agua como si estuviera esquiando en la nieve era un espectáculo extraordinario.
El reconocimiento tardío
Durante décadas, la historia de Samuelson fue conocida solo en su comunidad local. No había registro oficial de sus hazañas, y cuando el esquí acuático fue ganando popularidad en las décadas de 1940 y 1950, surgieron otras reclamaciones de invención del deporte. El francés Fred Waller, por ejemplo, patentó en 1925 unos esquís acuáticos similares a los de Samuelson sin que Samuelson lo hubiera patentado nunca.
No fue hasta 1966, cuando Samuelson tenía 62 años y el esquí acuático era ya un deporte practicado en todo el mundo, que la American Water Ski Association (AWSA) investigó la historia y reconoció formalmente a Samuelson como el verdadero inventor del deporte. En Lake City se levantó una placa conmemorativa en su honor, y el lugar donde realizó sus primeras pruebas fue señalizado como punto de interés histórico.
Ralph Samuelson murió en 1977, habiendo vivido lo suficiente para ver cómo su invento de juventud se había convertido en un deporte internacional con sus propios Campeonatos del Mundo, miles de practicantes en todos los continentes y una comunidad apasionada que celebraba anualmente la hazaña de aquel joven de Minnesota que, un día de junio de 1922, decidió esquiar sobre el agua.